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Diálogo devaluado

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Insistir en otro diálogo PPK-Keiko, como varita mágica de solución a crisis política, es una necedad.



Cuenta Luis Alberto Sánchez, en uno de los tomos de su Testimonio Personal, que el primer encuentro de José Luis Bustamante y Rivero, candidato a la presidencia de la República por el Frente Democrático Nacional en 1945, y el líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre, determinó el futuro errático y áspero de ambos personajes. Norteño expansivo, alegre y acostumbrado a la gesticulación ante las masas, Haya se acercó a Bustamante con los brazos abiertos. Este último (arequipeño frío, tímido y de maneras diplomáticas) apenas le estiró la mano para saludarlo.

Haya y Bustamante nunca más se vieron las caras durante el gobierno del FDN (1945-1948), pese a ser aliados. Los seguidores del primero sostienen que la oligarquía antiaprista de entonces empujó al presidente a tomar distancia del también llamado Partido del Pueblo (algo parecido a lo que hoy hacen caviares y sus tontos útiles como Pedro Cateriano). Conspiró para hacer fracasar las políticas controlistas de los dos únicos ministros apristas que tuvo esa administración: Manuel Vásquez Díaz (Hacienda) y Luis Rose Ugarte (Agricultura). Generaron el ausentismo parlamentario (el Congreso estaba dominado por el APRA) y la consecuencia (“la normalidad” lo denominó el poeta Martín Adán) fue el golpe de Estado del general Manuel Odría.

La versión contraria la que me narró Paco Igartua, gran periodista y director de la revista OIGA pero que en ese entonces trabajó para los diarios Jornada y La Prensa habla de la “impaciencia aprista” por el ejercicio del poder y su negada comprensión al enorme apego a las bases constitucionales de la República que profesaba Bustamante. Tanto así que en los predios apristas lo bautizaron como “el cojurídico”.

Traigo a colación este episodio de nuestra historia hallándole semejanza al gélido encuentro que sostuvieron Pedro Pablo Kuczysnki y Keiko Fujimori el mes de diciembre pasado, en casa del cardenal Juan Luis Cipriani. Versiones de ambos entornos concuerdan que se trató de una reunión insípida donde predominaron los lugares comunes durante la conversación y que careció de base alguna para futuros diálogos políticos de alto nivel.

Por ello me temo que es una necedad inútil persistir en que se produzca una nueva aproximación entre PPK y Keiko, como lo sugieren los congresistas oficialistas Juan Sheput y Mercedes Aráoz. Los separa profundamente sus respectivos temperamentos y como le ocurrió a Bustamante y Rivero— el oído presidencial ganado por el antifujimorismo. No quiero imaginar siquiera lo conversado recientemente en Madrid entre nuestro primer mandatario y Mario Vargas Llosa (garante de dos joyas como Alejandro Toledo y Ollanta Humala con tal de arrinconar a los Fujimori) para profundizar ese nefasto distanciamiento.

El diálogo entre los líderes políticos más importantes del país ya está devaluado. Ello no significa abandonar la búsqueda de nuevas vías de entendimiento y nuevos protagonistas del mismo. El país y los propios intereses de cada parte así lo aconsejan. Ojalá se materialice pronto.

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