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Después del COVID-19: ¿Y los servicios higiénicos de los colegios públicos?

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El COVID-19 ya nos está dejando valiosas enseñanzas: una de ellas, el problema de salubridad que nos acompaña quizás desde el inicio de la república,



La situación es apocalíptica, pero el COVID-19 ya nos está dejando valiosas enseñanzas. Una de ellas ha sido tomar conciencia del estado de los baños en las escuelas, y en lugares públicos en general. Y ello, además, está conectado a la precaria situación o a la inexistencia, en algunos casos, de la red de agua potable.

Estudié en colegio público y no tengo gratos recuerdos de los baños.

En quinto de primaria (1960-61), hicimos un viaje de promoción a un pueblo de la sierra limeña y nos hospedamos en un colegio público. No fue problema dormir en colchones en el suelo, pero sí lo fueron los servicios higiénicos. Ya de adulto tuve oportunidad de visitar otros colegios en Lima y la impresión siguió siendo la misma: un desastre. Imagínense cómo será en pueblitos olvidados.

Probablemente los colegios privados tengan servicios higiénicos aceptables; los más caros, seguro de primera.

Sin temor a equivocarme, afirmaría que el estado del 90% de los baños de las escuelas públicas es desastroso. No solo es la falta total o parcial de agua, sino de papel higiénico, jabón, desinfectantes, etc. Las ventanas no tienen lunas ni puertas, a veces ni siquiera techo. Lo vemos a diario en la televisión. ¿Y qué hay con los servicios de la gran mayoría de dependencias públicas, si es que los tienen?

Vivo en New Jersey y he trabajado en dos escuelas de vecindarios catalogados como pobres. Sin embargo, puedo contarles que los baños son impecables: tienen lo necesario, nunca falta el papel higiénico, papel toalla o secador eléctrico, el gel sanitario, el agua caliente. Tienen las puertas y ventanas en buen estado; del mismo modo ocurre en las dependencias públicas, iglesias, estadios, parques, playas, edificios de oficinas privadas etc. El secreto es el mantenimiento diario.

Las comparaciones son odiosas, pero a veces son necesarias para hacernos despertar de ese letargo de conformidad y pasividad. Este problema de salubridad nos acompaña quizás desde el inicio de la república, y veo difícil que se dé una solución en el corto tiempo.

Ante esto, al margen de los reclamos correspondientes, son las asociaciones de padres de familia las que deben intervenir en la reparación, aprovisionamiento y mantenimiento de los baños: tal vez sea posible que en algunos casos se lleve a cabo gracias a financiamiento directo, total o parcial, del ministerio correspondiente. El programa del Vaso de Leche es un ejemplo; es atendido por madres de familia. Y se trata de la salud de nuestros hijos.

Imagen: Perú21

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