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Debate y sorpresa de manual

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La embajada americana debe pronunciarse oficialmente sobre esta supuesta investigación de la DEA para dejar bien sentado que Estados Unidos no está interviniendo políticamente en las elecciones generales del Perú.



El ganador del debate: Pedro Tenorio. Solvente, preciso, oportuno y con autoridad, nuestro querido colega y columnista fue un conductor y árbitro de vuelo. Más que los debatientes.

El mejor: Martín Vizcarra. Sus cualidades políticas hicieron que le diera la convicción necesaria a una serie de cuestiones técnicas sobre políticas sociales. La percepción que queda es que sabe y puede hacer algo por un tema que afecta a los más pobres y vulnerables. Punto sobre su rival.

Monotonía: Alfredo Thorne. Muy aburrido y sin capacidad de transmitir la bondad de sus ideas, hizo que Elmer Cuba lo arrimara quedándose con la última palabra.

Losers: Meche Aráoz y Vladimiro Huaroc. Rabo de paja por el Baguazo y eliminación de la plancha presidencial de Keiko por repartir dádivas, ninguno quiso arriesgar nada por temor a que les sacaran los trapos sucios. Perdió la “reforma del Estado” que era el tema del debate.

La placa: General Miyashiro. Iba perdiendo contra Gino Costa que dominaba por su experiencia política cuando, de pronto, sacó un gancho que dejó a Costa en la Lona. Literalmente, con los papeles perdidos así como el valioso tiempo del cierre en el que tenía la última palabra. Sacó la placa de policía y puso a Costa en el escritorio. 

Decepción y puntillazo: Juan Sheput y Pepe Chlimper. Del primero se esperaba que su habilidad para probar todo y su contrario se impusiera al del tecnócrata Chlimper, pero lo más fuerte que soltó fue una absurda comparación entre Hernando de Soto y Montesinos. Por el contrario, Chlimper no desaprovechó su oportunidad y cerró con el tema del gas, reforzando la idea difundida en el sur de que PPK es el responsable de que Cuzco no tenga gas. Lo reventó.

Sorpresa de manual: La noticia “bomba”. Mientras se desarrollaba el debate, las redes sociales reventaban con la noticia bomba de que la DEA estaba investigando el testimonio de un sujeto que denunciaba tener un audio en el que el secretario general de Fuerza Popular, Joaquín Ramírez, confesaba que había lavado dinero para Keiko Fujimori (para más señas, 15 millones de dólares). La noticia está firmada por Univisión y un periodista que anteriormente hizo un reportaje negativo sobre los suegros de Keiko Fujimori. En el Perú fue difundida por América Televisión. 

No se necesita ser zahorí para poner en duda que en pleno debate y a tres semanas de las elecciones aparezca para su difusión una noticia como esta. No hay audio difundido que corrobore el dicho que genera la noticia y, sin embargo, la noticia ya está en la marquesina y en los comentarios y abrirá las portadas de hoy. Por tanto, si existe el audio debería ser propalado de inmediato.

Y, aunque la DEA tenga la obligación de investigar algunas denuncias (y esta, al parecer, ya lleva… ¡tres años!), resulta para reflexionar, por ponerlo elegantemente, que se dé a conocer este hecho en la vía pública a través de una funcionaria, en una entrevista al paso en los Estados Unidos. Resultaría de suma pertinencia entonces que la embajada de los Estados Unidos se pronuncie oficialmente sobre esta supuesta investigación de la DEA con argumentos convincentes, y esto para dejar bien sentado que una potencia extranjera no está interviniendo políticamente en las elecciones generales del Perú.  

Mientras tanto, las investigaciones deben proceder sin contemplaciones, pero que existe un claro guión político contra la candidatura de Keiko Fujimori es de una evidencia sin precedentes. Hace recordar el psicosocial por el que un seudochofer denunció al presidente transitorio Valentín Paniagua de haber recibido de Vladimiro Montesinos fondos para su campaña, en lo que entonces se anunció y difundió como una “noticia bomba” en un canal de televisión. La patraña abortó cuando Paniagua, indignado, llamó en vivo y le dijo su vida a quienes se habían prestado a una turbia agenda política para derribarlo. 

Keiko Fujimori ha hecho lo propio con la misma indignación que puede sentir cualquiera que ve cómo se ha armado un tinglado para crear una atmósfera de obscuridad que siembre la duda en el electorado de indecisos que definirán la elección. La cosa es tan obvia que probablemente produzca el efecto contrario al que han buscado sus autores y difusores. 

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