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Debate en pincelazos

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El entresijo de formatos que se quiso presentar no permite hablar de ganadores o perdedores propiamente dichos.



El llamado debate presidencial fue aburrido y anodino. Dejó poco, no destapó nada nuevo. El poco tiempo disponible solo dejó pincelazos. En ese entresijo de formatos que se quiso presentar, donde el morbo centró su atención en el choque Alan-Popy, no se puede hablar de ganadores o perdedores propiamente dichos. Pero a algunos les pudo ir mejor.

Me parece que la presentación de Ántero Flores Aráoz fue la más consistente. Combinó bien la claridad de su mensaje con la actitud propositiva y el lenguaje gestual. Demostró conocimiento y capacidad de oratoria. La verdad, merecería estar más arriba que otros.

Aunque PPK apeló demasiado al papel, se le vio mejor cuando solo hablaba. Hizo bien en resaltar tres aspectos: agua en tu casa, educación y seguridad en las calles. En el balance, se mostró más estadista que varios de los presentes. Salió bien del debate y puede llevarse algunos votos de indecisos; incluso los de un Barnechea que no terminó de convencer.

Alan García estuvo impecable y sobrio. Optó por lo que correspondía: ignorar al orate Olivera. Pero fue inevitable que sus propuestas fueran opacadas por los ataques reiterados de Popy, a quien por cierto lo  han colocado en las redes sociales como virtual nuevo ídolo de la izquierda nacional, a raíz de sus ataques.

No me gustó el cierre de Keiko Fujimori. Innecesaria mención reiterada a la CVR. Ya no está Huaroc y le va mejor. De nuevo, las dudas. Sin embargo, reconozco que a muchos sí les pudo parecer un buen gesto a estas alturas.

De hecho, en general Keiko estuvo bien en un discurso enlatado, del cual no se sale ni quiso salir, seguramente porque al saberse primera no era bueno arriesgar. Pero quizás perdió la oportunidad de pedir ese respaldo final que le permitiera terminar todo en primera vuelta, aunque también puede ser que —sin pedirlo— haya logrado captar nuevos adeptos en esta etapa de definiciones.

Verónika Mendoza llenó su exposición con muchos lugares comunes que no tenían consistencia, como quedó en evidencia al tratar de responder, infructuosamente, la pregunta de Alejandro Toledo. Por desgracia, el expresidente manejó pésimamente los tiempos. Mendoza se vio obligada a elevar el tono de su presentación conforme Goyo Santos crecía en intensidad y demostraba que él tenía mucho más clara la plataforma ideológica y programática de la izquierda. Pero la cusqueña fue solvente en la expresión verbal y gestual, lo que dio una imagen favorable ante cierto electorado.

En cuanto a Miguel Hilario, solamente para la foto.

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