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De lo ridículo hoy

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Los medios comparsa informan profusamente sobre una alicaída pachanga en Pachacámac durante el toque de queda. Esto no provoca el incremento del Covid-19, menos las muertes: ambos son de entera responsabilidad del régimen, aunque quiera culpabilizar a los ciudadanos.



El gobierno de Vizcarra se presentó, falazmente, como el paladín de la lucha contra la corrupción. Pero el hurto de poca o mucha monta campea y fuerte. Está en la compra de pruebas moleculares con sobreprecio, mascarillas y respiradores que no llegan. Ciertamente la compra del avión para la Policía, US$ 65 millones, es lo más ominoso. Ucrania no puede entregarlo. No sabemos cómo quedó este desaguisado, tampoco las irregularidades en la entrega de bonos.

Nada de ello concita la atención de Contraloría. Su último hallazgo fue titular en todos los medios: 4212 funcionarios recibieron la canasta básica de municipalidades sin ser población vulnerable. Ridículo y deleznable.

Se repartieron 2 445 817 canastas. Los 4212 funcionarios no llegan ni al 0,2%. Se subrayó que las recibieron empleados que ganaban S/10 000. ¿Cuántos son?: 51 almas. Los municipios y el gobierno con los bonos tuvieron las mismas dificultades en inventariar a los beneficiarios. Hay cuatro listas: MIDIS, INEI, MEF y SIS. No las manejan los municipios. Un verdadero sancochado nacional.

Otra ‘gran denuncia’ de Contraloría fue que las clínicas particulares cobraban más de S/400 por las pruebas moleculares que procesa gratuitamente el MINSA. Igualmente la noticia arrasó en los titulares y Vizcarra se explayó sobre lo implacable que será ante ello.

Las pruebas enviadas por las clínicas fueron 19 746. A la fecha, el MINSA indica que se han tomado 179 374 moleculares. Aunque las clínicas gozan de mala reputación por ‘careras’, tres establecimientos importantes se pronunciaron afirmando que cobraban entre 70 y 60 soles por tomarlas.

Contabilizan: el personal, el uniforme, mascarillas, etc. No se publicaron los recibos por S/400, ni las clínicas. La denuncia se evapora, pero algunos congresistas la usan, presentándose como defensores del pueblo. Obviamente hay que fiscalizar, más aún en esta dolorosa situación, pero cazar hormigas en lugar de peces gordos es ser tolerante con la corrupción gubernamental.

La cuarentena de tres meses no sirvió de nada. El coronavirus avanza en el país, pese a que se apuesta una caja de cerveza a que la curva de infectados descenderá. El viernes tuvimos 6000 nuevos casos. Los hospitales están sobrepasados y los médicos también. Sin embargo, Vizcarra declara tener “la esperanza de que en estos días baje la cantidad de infectados”. Como si fuera una cuestión de fe.

El MEF reparte, nominalmente, dinero en variados programas. La gente debe salir a trabajar y aún no se soluciona el importantísimo tema del transporte. ¿Lo subsidiarán? ¿Cómo? La indolencia de Vizcarra puede traernos un rebote.

Los medios comparsa informan profusamente sobre una alicaída pachanga en Pachacámac durante el toque de queda. Esto no provoca el incremento del Covid-19, menos las muertes. Ambos son de entera responsabilidad del régimen, aunque quiera culpabilizar a los ciudadanos. Ahora se habla de una “nueva convivencia social”. Tarde; el daño ya está hecho.

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