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De la histeria a la historia

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Llegó el día y no pasó nada: ni bombas atómicas ni bárbaros depredando el país. Solo un histórico ridículo de los apocalípticos. 



Pasó la semana de la histeria en la que todos sabíamos que una censura parlamentaria estaba originando el fin del mundo. Que un ministro que iba a salvar al país y solucionar todos sus problemas iba a ser exterminado por una banda de cómplices del mal desde el Congreso, donde se estaban produciendo las peores corruptelas mientras el país atónito asistía a la debacle de tirios y troyanos.

Llegó el día y no pasó nada: ni bombas atómicas ni bárbaros depredando el país. Solo un histórico ridículo de los apocalípticos.

El ambiente estuvo más que caldeado y en ello tuvieron grueso papel algunos medios de comunicación y ciertos periodistas y políticos, incapaces de poner equilibrio en donde solo había excesos. En todos los países se censuran ministros como atribución de los parlamentos,  porque constitucionalmente la responsabilidad política de aciertos y desaciertos de los mandatarios recae en sus ministros que desde nombrados se saben fusibles y lo asumen. Es irrisorio que uno de ellos se coloque por encima de los intereses del país y acepte que su presidente sea su ultradefensor personal en lugar de poner su cargo a disposición en cuanto se le mueve el piso.

La interpelación y la censura son los instrumentos de fiscalización parlamentaria que da forma al balance de poderes. Los fujimoristas tienen avasallante mayoría congresal; a muchos no nos gusta pero es así. Cómo la usen lo decidirán ellos: son autoritarios y lo sabemos, pero el Ejecutivo que dirige la política nacional no debe caer en ningún juego. Hasta ahora lo ha manejado bien conectándose con las coincidencias sin exacerbar las diferencias.

PPK ha planteado el diálogo político que debería descartar la provocación y la histeria, y también a los “asesores” de la cuestión de confianza que evitaría una supuesta vacancia presidencial. No necesitamos extremistas truculentos.

Las fiestas de fin de año pueden traer pacificación momentánea pero el problema de fondo sigue siendo la confrontación de poderes, el desequilibrio entre un Congreso de avasalladora mayoría naranja y un Ejecutivo que puede aparecer demasiado frágil. PPK no tiene partido de gobierno ni bancada parlamentaria fuertes; tiene un gabinete de tecnocrátas de lujo desacostumbrados a la respuesta política, cuenta con muy pocos operadores que hagan la segunda fila al presidente y, para peor, está perdiendo su conexión con la ciudadanía. Pero es un hombre experimentado e inteligente que no puede guiarse por sus emociones sino por sus razones.

Ya se escuchan las voces que le aconsejan colocar al controvertido general Daniel Mora en reemplazo del defenestrado Jaime Saavedra. Sería más de lo mismo: tensar innecesariamente las relaciones entre Ejecutivo y Legislativo. La racionalidad política demanda un experto en el tema educativo y lo inteligente sería complementar este cambio con nuevos rostros en su gabinete.

Que se renueve la esperanza y que empecemos el 2017 bajo el signo del diálogo de iniciativa presidencial que —contra todo el laicismo que forma nuestra institucionalidad política— se realizaría en la casa del cardenal Cipriani. Bendiciones navideñas.

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