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Cuestión de confianza: inconstitucional pero inminente

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¡No se puede hacer cuestión de confianza por reformas constitucionales! Bien ha hecho el presidente del Congreso en requerir a la Comisión de Venecia que analice la situación.



Saludo el pronunciamiento de los más destacados abogados constitucionalistas del país, quienes han coincidido en que Martín Vizcarra no podría hacer una cuestión de confianza para la aprobación de su proyecto de reforma constitucional de adelanto de elecciones generales al 2020. Lamento, no obstante, que su valiosa lectura de la Carta Magna vaya a ser desechada y que seamos testigos de la presentación de una medida inconstitucional luego de que el Congreso archive tal iniciativa.

De acuerdo con el artículo 206 de la Constitución, “una ley de reforma constitucional no puede ser observada por el Presidente de la República”, de tal manera que resulta evidente que no cabría la posibilidad de que el jefe de Estado use esta arma para poner en jaque el Legislativo. El Congreso, de rechazar una segunda cuestión de confianza, sería cerrado por el dignatario.

Sin embargo, como estamos en el ‘reino del revés’ surgen dos nefastas razones que habilitan a Vizcarra para violar la ley con impunidad. Veamos.

Primera: el tribuno Eloy Espinosa-Saldaña ha asegurado que el Tribunal Constitucional se ha pronunciado en el sentido de que no tiene límites la cuestión de confianza, por lo que, subraya, el jefe de Estado sí puede utilizarla para exigir la ratificación de una reforma constitucional. Podemos concluir, entonces, que la argolla caviar del TC (Espinosa-Saldaña, Miranda Canales, Ramos Núñez y Ledesma Narváez) ya tiene una posición que respalda al presidente. Sardón, Blume y Ferrero no pueden, por tanto, hacerle pelea a esta mayoría que ya permitió vilmente la atomización del Congreso en pequeñas bancadas para golpear a los fujimoristas.

Segunda: el Parlamento ya aceptó anteriormente que Vizcarra haga cuestión de confianza por sus proyectos de reforma política-judicial, incluidos los que proponían cambios en la Constitución. Es por tal motivo que en el 2018 fuimos a un referendo y es por ello también que el mandatario solo promulgó cuatro de seis leyes el último lunes. Ese es, precisamente, el discurso que esgrime el izquierdista ministro de Justicia, Vicente Zeballos.

¿Qué queda por hacer? Pues bien, a la representación nacional le corresponde encarar a la presión presidencial y callejera, y mantenerse, esta vez ya sin nada que perder, en sus trece: ¡no se puede hacer cuestión de confianza por reformas constitucionales! Bien hace Pedro Olaechea en su bulla internacional y en requerir a la Comisión de Venecia que analice la situación.

Y si el exgobernador moqueguano osa en hacer cuestión de confianza, pues procede dar trámite a su vacancia por incapacidad moral permanente. Quebrar la Constitución sería el corolario de su desgobierno y un argumento suficiente para deshacernos de un populista –se le vio el fustán en la entrevista con Hildebrandt– que ha terminado por descalabrar, con desparpajo, al ya descalabrado Perú.

Otrosí: Son escandalosos los argumentos de Ávalos para archivar la investigación contra San Martín por pedirle al encarcelado Ríos que agilice un proceso familiar. La fiscal de la Nación dice que no hay evidencias de que el juez supremo haya recibido beneficios y que se trata de un comportamiento atípico, mas no delictual. Hinostroza debe estar saltando de alegría.

Imagen: Difusión

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