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Opinión

Cuatro lecciones sobre cómo hacer política

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En memoria de Luis Enrique Tord



Nuestro amigo, lúcido historiador, antropólogo, escritor, constituyente en 1993 y regidor metropolitano de Lima, Luis Enrique Tord, ha dejado esta vida y también un importante legado. Estas líneas le rinden homenaje y destacan las principales lecciones que nos entregó sobre cómo hacer política con franqueza y decencia:

1. No ser solo un político. Quien sólo se dedica a la política tarde o temprano pierde panorama y la percibe como un fin en sí mismo. Un político debe ser un humanista, debe conocer nuestra historia y estar involucrado con su entorno social. Debe haber trabajado comprobadamente.

Luis Enrique era un hombre experimentado que conocía la historia y al ser humano. Como hombre de letras, utilizaba ese conocimiento para prevenir y proponer acciones políticas y técnicas dirigidas a rescatar experiencias exitosas y a evitar la repetición de errores pasados.

2. Poseer un genuino desapego con el poder. Quien hace política para servirse de ella y estar cerca al poder por ambiciones personales, tarde o temprano deja de lado los intereses de la ciudadanía y del país.

Luis Enrique actuaba en política con un afán de devolverle a la ciudad y al país todo lo que él había recibido. Nunca actuó con cortesanía ni con interés personal. Tenía muy claro que el honor y la dignidad en una persona son doblemente necesarias en un político.

3. Tener un firme compromiso con tus convicciones y con la verdad. Quien hace política no puede decir sí a todo lo que se le pide. Debe saber pararse firme frente a las presiones de quienes ejercen un mayor poder que uno cuando lo que se le requiere no es correcto. Se requiere aún mayor valentía y firmeza cuando lo requerido viene de tu propio grupo. Un buen político no es un títere de otro. Debe saber resistir presiones sin doblegarse.

Siempre escuché de Luis Enrique sus opiniones propias expresadas a viva voz y siempre lo vi actuar convencido por sí mismo. Lo tomé como ejemplo.

4. Mantener firmeza en el debate pero amabilidad con las personas. La vida es muy corta y da muchas vueltas; nunca se debe tratar a los adversarios políticos como enemigos. No lo son: incluso quienes piensan distinto en política nos ayudan a reflexionar permanentemente y a construir consensos, pues su oposición representa otras maneras de ver las necesidades de la ciudadanía y del país. Los políticos que no están de acuerdo entre sí se necesitan para seguir debatiendo racionalmente y obtener las mejores soluciones para la sociedad; los malos modales democráticos quiebran el diálogo.

Luis Enrique siempre dialogó con el oponente en las ideas, pues sabía ver y valorar a la persona detrás de la idea. Siempre pudo elogiar la virtud de quien pensaba distinto. 

Ese era Luis Enrique Tord. Un político digno del respeto y de admiración, tanto de sus amigos como de sus adversarios en las ideas. Un caballero leal y honesto; no solo un político. Esos momentos de conversación cada vez que nos volvimos juntos desde el centro de Lima han quedado grabados. Los que quedamos mantendremos los propósitos irrenunciables de defender las libertades ciudadanas y de asegurar la igualdad (real) de oportunidades.

Adiós, amigo. Gracias por tu legado.

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