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Cuando la izquierda votó por la derecha

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Los valores, principios morales y dignidad deben imponerse a la ideología.



Al comenzar el siglo XXI, Lionel Jospin era un símbolo en la política francesa. Había hecho resurgir el Partido Socialista como fuerza política importante y se convirtió en exitoso primer ministro en 1997.

Lionel Jospin fue candidato socialista en las presidenciales de 1995 derrotado en segunda vuelta por Jacques Chirac. En las elecciones del 2002 era favorito pero contra todo pronóstico no pasó a la segunda vuelta, la izquierda demasiado segura de que ganaría presentó otro candidato minoritario. La elección pasó a ser disputada entre el derechista Jacques Chirac y el ultraderechista Jean-Marie Le Pen.

Los líderes de todas las tendencias, con excepción de la extrema derecha, hicieron frente común para apoyar al neogaullista, Jacques Chirac e impedir el triunfo del candidato de extrema derecha, Jean-Marie Le Pen. Chirac asumió el papel de salvador de la república y recordó a los votantes: “Francia está en vuestras manos”.

Los pesos pesados del Partido Socialista anunciaron su voto por Chirac. El director de campaña de Jospin dijo que daría “un voto por deber porque lo primero es la República”. La secretaria general del Partido Comunista, Marie-George Buffet, pidió una barrera “antiextrema derecha” mientras Le Pen proclamaba que Francia se encontraba “ante una gran alternativa que devolverá a Francia su grandeza”.

Chirac llamó a todos los franceses a unirse en defensa de la democracia y la república. “Francia os necesita, yo os necesito”, dijo y recalcó que el 5 de mayo están en juego “el futuro y la vida del país, su tradición humanista y vocación europea”. Chirac ganó y los socialistas nunca se avergonzaron de haber pedido el voto para la derecha. No era una elección ideológica, era una elección moral y los franceses respondieron: votaron por un presidente derechista que respetaría los valores y principios de la democracia liberal. No había otra opción.

Toda semejanza con la actual situación electoral en el Perú no es coincidencia. Los valores, principios morales y dignidad se imponen sobre la ideología cuando un candidato representa antivalores. Cuando una candidata significa la continuidad de un gobernante que desvalorizó la política y con mucha vergüenza nacional figura entre los más corruptos del mundo, la opción es moral y no ideológica. Por eso, PPK avanza en las encuestas.

La ética importa, aunque algunos piensen que valores y principios son intercambiables por intereses.

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