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Condorito da lecciones de periodismo

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¡El Hocicón de Pelotillehue firma convenio con La República!



Compruebo que algunos colegas no se toman el trabajo de releer lo que escriben porque si lo hicieran serían más prolijos con los argumentos que utilizan para demostrar un punto. Así pues, el lector es el más perjudicado porque termina leyendo una chambonada. En otras palabras, paga por un mal producto.

Es cierto también que a muchos consumidores de papel periódico o de redes sociales les importa muy poco el tema de los argumentos ni la lógica con los que se esgrimen porque lo único que les interesa es reafirmar sus propias ideas, juicios o prejuicios sobre determinados personajes. Pero por un mínimo de amor propio, quien firma una especie debería tener en cuenta que algunos lectores son más exigentes que otros y, por tanto, son la medida de la calidad de lo que sale finalmente publicado.

Por ejemplo, leo la columna de hoy de Augusto Álvarez Rodrich en la que critica a Alan García porque no habría presentado prueba alguna a su denuncia contra la encuestadora DATUM: “El expresidente replicó señalando que un testigo de la reunión en la que se habría producido el ofrecimiento indebido es el excanciller José Antonio García Belaunde, pero hasta el jefe de redacción de El Hocicón de Pelotillehue ‘diario pobre pero honrado’ pediría pruebas contundentes antes de autorizar la publicación de tremenda denuncia”. 

El problema con esta “clase magistral” de periodismo que nos pretende dar Álvarez Rodrich es que, en efecto, hasta el jefe de redacción de El Hocicón de Pelotillehue sabe que los testigos son parte del ofrecimiento de pruebas en cualquier juzgado y redacción periodística del mundo. Si a esto agregamos que el testigo ofrecido como prueba ha sido excanciller de la República es decir, como si el Washington Post o el New York Times ofrecieran como prueba de un hecho denunciado los testimonios de Henry Kissinger o Hillary Clinton, pares de García Belaunde por el cargo que ocuparon en su momento, la cosa no es moco de pavo.

Pero lo más gracioso del asunto es que mientras Álvarez Rodrich le pide pruebas contundentes a Alan García para denunciar un hecho, él no ofrece ninguna para afirmar que el “punto más favorable [que tendrá García en la querella que le interpondrá DATUM por difamación] será el control tradicional QUE SE HABLA que tiene el Apra en el Poder Judicial”. ¿”Que se habla”? ¿Esa es su prueba contundente? ¿Y así pretende dar lecciones de periodismo el mismo que dice que “los periodistas podemos saber muchas cosas pero hasta el menos experimentado del oficio sabe que solo se puede divulgar lo que se pueda demostrar cabalmente”?

En efecto, Augusto, ni el Hocicón de Pelotillehue.

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