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Con el rabo entre las piernas

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Urresti empieza negando seguridad policial a los partidos pero pierde por goleada.



Como consecuencia del desborde de sus diversos incendios políticos, esta semana la opaca pareja presidencial se encontraba realmente desconsolada. La procuradora Vilcatoma, el ministro Figallo y el parcero Belaunde Lossio habían generado un estado de caos feroz que avizoraba el desplome del régimen. En ese contexto, la señora exhaló un grito extremo: “Oh, y ahora quién podrá defendernos”. Entonces, levantó la mano su curioso ministro del Interior y les propuso, como solución para todos sus males y con el objeto de distraer radicalmente la atención ciudadana, enfrentar y derrotar a un enorme enemigo: la FIFA.

En efecto, con un certero golpe a tan poderoso adversario, nuestro valeroso ministro prometía la reivindicación nacional. Así que con la bendición presidencial en mano, nuestro Chapulín decidió, una vez más, negar indefinidamente seguridad policial a los partidos ya programados por la final del campeonato nacional, los que deberían enfrentarían a Juan Aurich y Sporting Cristal en Chiclayo y Lima. De hecho, la delegación del equipo celeste ya se encontraba en tierras norteñas y las entradas del afamado estadio Elías Aguirre estaban agotadas. Insólito.

Del lado de la FIFA, institución transnacional poderosa y corporativamente organizada, se tomaron las cosas con extrema calma. Su subsidiaria en Perú, la FPF, finalmente decidió que el enemigo ministerial era de poca monta y el ataque, francamente ilegal y ridículo. Luego de un par de breves conversaciones telefónicas, logró asegurar la logística plena, segura y total de las nuevas sedes para los partidos finales: de ida en Guayaquil y la gran final en Arica, Chile.

De haber ocurrido, los fanáticos chiclayanos y rimenses hubieran tenido que sustituir los tradicionales y sabrosos anticuchos de los estadios peruanos por los famosos sándwiches de potito (pan con intestino grueso de cerdo), tan populares en los recintos deportivos de la tierra de Condorito y su amiga Bachelet. Y los titulares periodísticos habrían sido francamente memorables: “Final de fútbol peruano se juega en Chile porque policía peruana no puede garantizar seguridad”. Vergüenza peruana con amplificación mundial.

Resulta fácil comprender que la narración anterior —¡basada en hechos reales!— acabe con nuestro superhéroe de cartulina llevando el rabo entre las piernas y convocando a los dirigentes futboleros nacionales para programar de inmediato nuevas fechas de los partidos finales y, por supuesto, en tierras peruanas. Urresti perdió por goleada.

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