Connect with us

Opinión

Cómo se manipula la información

Publicado

el

En el periodismo la liebre tiene un solo color: el de la verdad. El gato, por el contrario, miles de colores como los de la mentira. Y en la libertad de prensa, la verdad o la mentira fundan la ética del bien o del mal.



Un fulano al que se le asigna un número de colaborador eficaz hace una afirmación que reza que dio oídos a un tercero que afirmó a su vez que el juez César Hinostroza dice haber dicho que se reunió con Keiko Fujimori en la casa de esta en una fecha X. En el mundo de la lógica, las proposiciones solo pueden ser verdaderas o falsas. La que viene al caso –a diferencia de aquellas en que el sentido del sujeto está contenido en el sentido del predicado y, por tanto, son necesariamente verdaderas– solo es verificable por la observación.

Así las cosas, como la afirmación del colaborador eficaz no ha podido aún ser corroborada por la observación (ni tampoco se tiene certeza de que lo será) no existe ninguna verdad que enunciar. Sin embargo, la aseveración del colaborador eficaz se ha convertido en noticia que, como podemos ver, nada tiene que ver con la verdad… aunque el hecho de noticiar la afirmación tenga por fin hacerla pasar por verdad. En otras palabras, a la prensa NO LE INTERESA informar con la VERDAD –como se supone que debería hacer según la ética periodística– sino utilizar hechos no verificados (la afirmación del colaborador eficaz sobre una reunión entre Keiko Fujimori y César Hinostroza) para darle forma a una noticia que tenga por fin dar cuenta de una reunión que no se puede saber si existió o no, pero que puesta como PRIMICIA de ÚLTIMO MINUTO pasa por certeza ante la opinión pública y nunca como negación. En simple: para el lector promedio la reunión se produjo porque la prensa lo dijo. A esto se le llama MANIPULACIÓN de la información.

Otro ejemplo aún más descarado que el primero es el titular: “Fiscal de la Nación asegura que conoce a ‘algunos’ miembros de ‘Los cuellos blancos del puerto'”. La noticia se origina en un informe de una fiscal del Callao que afirma la hipótesis de que el fiscal de la Nación forma parte de la banda ‘los cuellos blancos del puerto’ en tanto que era considerado funcional a los intereses de los presuntos miembros de esa banda. La prueba que ofrece la fiscal para verificar su hipótesis es que al actual fiscal de la Nación se le preparó una reunión con periodistas para posicionarlo mediáticamente en el cargo –al que accedió por aclamación de todos los fiscales supremos que, además, ya habían acordado seguir la tradición de encumbrar al fiscal supremo más antiguo: el susodicho–. Eso, según la fiscal del Callao, lo hace “miembro de la banda”.

No voy a denunciar la lógica del argumento hipotético de la fiscal del Callao. Ni tampoco el hecho de dar por sentado el organigrama de la banda como lo han hecho varios periodistas en cadena, es decir, de dar por cierto algo que no se sabe si lo es. Voy al titular que tiene por génesis la respuesta por Twitter del fiscal de la Nación al informe de la fiscal del Callao: “Se me quiere sindicar como presunto  miembro de los cuellos blancos. Espero que indiquen qué acciones realicé para favorecer a esta organización criminal. Conozco a algunos de ellos, jamás lo negué. Si han querido que los favorezca se equivocaron. Seré implacable en la investigación”. De ahí el diario Perú 21 sigue que: “Fiscal de la Nación asegura que ‘conoce’ a miembros de la banda”.

De este modo, el titular propone al lector sacar una conclusión sobre la base moral de qué clase de fiscal es aquél que asegura ´conocer´ a los miembros de una banda criminal. En otras palabras, el titular sugiere al lector leer entre líneas aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres” para descalificar al fiscal de la Nación con sus propias palabras. Pero lo que no dice el diario es por qué conoce el fiscal de la Nación a los presuntos miembros de esa banda. Y los conoce porque no podía dejar de conocerlos dadas las circunstancias de que o son fiscales o son jueces o trabajaron con él en la Academia Nacional de la Magistratura. Y, por la misma razón que los conoce el actual fiscal de la Nación, los conoce también el exfiscal Pablo Sánchez y el expresidente del Poder Judicial César San Martín (que le pedía favores a un miembro de la banda), sin que se proponga ni una hipótesis fiscal ni un titular periodístico para involucrarlos como miembros de la banda de los “cuellos blancos del puerto”.  A esto se le llama MANIPULACIÓN de la información.

La manipulación de la información tiene por objeto fines subalternos al periodismo que es informar con la verdad. Si no hay verdad no hay nada que informar (filosóficamente, si cabe, podríamos resumirlo en la conclusión wittgensteiniana de que “sobre lo que no se puede hablar, se debe callar”). Punto. Pero si se prescinde de la verdad y se “informa”, en realidad se DESINFORMA, es decir, se hace pasar gato por liebre. Cuando esto sucede, estamos ante una campaña propagandística que busca que los receptores compren el punto de vista del emisor (intereses, hipótesis, elucubraciones, especulaciones=GATO) disfrazado como verdad (LIEBRE).

En el periodismo la liebre tiene un solo color: el de la verdad. El gato, por el contrario, miles de colores como los de la mentira. Y en la libertad de prensa, la verdad o la mentira fundan la ética del bien o del mal.

Seguir leyendo
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

El juicio del ausente

Seguir leyendo

Opinión

El misterioso caso de las “loncheritas”

Seguir leyendo

Opinión

Retrato de un gobierno dictatorial

Seguir leyendo

Tendencias

Director: Ricardo Vásquez Kunze.


Contacto: [email protected]

Copyright © 2019 Todos los derechos reservados a favor de Político.pe. Aviso Legal. Desarrollado por Smart! Grupo Creativo