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Como dijo el que no dijo

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Yo estoy de acuerdo porque discrepo y no es malo ni bueno, sino todo lo contrario.



Los sensatos dicen que a un gobierno se lo puede juzgar recién a los cien días. Puede ser, pero el ritmo se mide desde el inicio y los indicadores señalan que en apenas diez días…. de la primera boca nacional han emanado ya dos gruesos exabruptos políticos.

Primero fue aquello de jalarse con prebendas a tránsfugas del fujimorismo y luego esto de que a él, si al presidente, no le incomoda un poco de contrabando. “¿A quién le importa eso?”, remató Pedro Pablo.

¿Qué pasa si a este paso PPK llega al día 100 con 20 disparos de ese calibre? Adiós respeto a la presidencia y el antifujimorismo —que ya nos dio a Toledo y a Humala— se habrá superado a sí mismo al endilgarnos semejante “presidente de lujo”.

Esa es la dimensión del problema y por los visto los operadores del pepekausismo no tienen cómo controlar los exabruptos verbales que el mandatario va regando a su paso. Hay un manual para este tipo de cobertura de daño político, pero cuesta. Y no hay señales de que el presidente sea políticamente consciente del efecto de sus palabras o no andaría repitiendo el resbalón día por medio.

Al margen del contenido político de las expresiones del señor presidente y mirando las cosas en conjunto, lo que más sorprende es que Pedro Pablo no era así. Vamos, ¿de qué se lo puede haber acusado en su vida si no de ser lobbista? ¿Ustedes creen que se puede ser lobbista exitoso por tanto tiempo soltando la lengua por aquí y por allá? Jamás.

Desde lejos es imposible detectar las razones de semejante cambio que determinan una conducta errática que nadie quiere afrontar y no parece detenerse. Los operadores políticos son los que más se desgastan. A un ministro ya lo mandó callar. Lo del contrabando lo ha tenido que traducir él mismo, diciendo esta vez que no apoya para nada el contrabando.

Cuidado. Eso de andar diciendo un día una cosa y sostenido luego lo contrario tiene dos grandes extremos. En uno se encuentra el político decimonónico Manuel Lorenzo de Vidaurre quien en 1839 intentó explicar por escrito sus contradicciones bajo el celebrado título de “Vidaurre contra Vidaurre”. El problema es que en el otro extremo se encuentra Cantinflas y eso no es bueno.

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