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Como dije: “Ya era tiempo” (II)

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Este es un momento decisivo y el Grupo de Lima tiene que decirle con claridad a La Habana que las cosas ya no son iguales. Sin temor, e independientemente de cómo termine lo de Venezuela, deben exigir a Raúl Castro la salida de los efectivos cubanos del país llanero.



Señalaba en mi primera entrega sobre este tema que con la llegada de Bolsonaro finalmente la derecha está ahora en posición de tomar una nueva actitud frente al comunismo latinoamericano liderado por Cuba.

Todo movimiento guerrillero o terrorista ocurrido en los últimos cincuenta años, de alguna manera u otra, ha sido promocionado o influenciado por La Habana. Cientos sino miles de jóvenes fueron capacitados en la isla, adoctrinados, entrenados en técnicas de combate y probablemente financiados para sus aventuras en sus respectivos países. El caso más notorio: el Che.

Cuba también ha participado directamente con soldados –en diferentes partes del mundo– apoyando revoluciones para cumplir el sueño de Fidel y pagando con sangre cubana la asistencia financiera de la entonces Unión Soviética. Tal como hace ahora con sus médicos, quienes reciben salarios miserables.

Otra muestra de su desprecio hacia los demás países del continente es que Cuba ha sido y es refugio de terroristas, asesinos, delincuentes, etc. Actualmente están en la isla los dirigentes de ELN (la guerrilla que acaba de cometer el atentado en Colombia). No descarto que Raúl Castro haya tenido conocimiento de esto; tan frecuente es la soberbia y arrogancia del régimen que les espeta a diplomáticos latinos en la cara que son títeres del imperio.

La cereza del pastel es la invasión cuidadosamente planificada de Venezuela, utilizando para ello inicialmente a Chávez y ahora al pelele de Maduro. Los Castro le han dicho a la región: “Miren, yo hago lo que quiero y no me pasa nada”. Y ese sienten tan seguros de que nadie hará nada que siguen ordenando la represión sin cuartel contra la oposición venezolana.

Lenin, Stalin, Fidel, Mao, Maduro y algunos de nuestros rojos radicales comparten el mismo ADN de la violencia. Si llegado el momento se les pone un rifle en las manos, no dudarán en pasar por las armas a sus adversarios. Eso es el comunismo. ¿Por qué tenemos que ser recatados o contemplativos con ellos?

Es un momento decisivo y el Grupo de Lima tiene que hacer algo: decirle con claridad a La Habana que las cosas ya no son iguales. La primera medida que yo sugeriría es que, sin temor e independientemente de cómo termine lo de Venezuela, le exijan a Raúl Castro la salida de los efectivos cubanos del país llanero. Van a reaccionar con la misma soberbia de siempre, pero irán tomando nota de que ya no tendrán al frente a una democracia pasiva.

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