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Comandante rico, comandante pobre

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La llegada al poder de Chávez, cuyo país posee las mayores reservas petroleras del mundo, significó más que un alivio para Castro.



El comandante Chávez llegó a Cuba el 13 de diciembre de 1994, nueve meses después de haber sido indultado por el presidente Rafael Caldera. En la escalinata del avión esperaba un sonriente Fidel Castro, con su clásico uniforme verde olivo. Al abrazo afectuoso siguió una organizada caminata por las coloridas y avejentadas calles de La Habana, donde recibieron aplausos y vítores de una exaltada multitud que agitaba banderas de ambos países. Más adelante, inauguraron un gigantesco retrato del Libertador Bolívar.

Discursos laudatorios y homenajes al nuevo caudillo venezolano demostraban que un experimentado y cazurro Fidel Castro estaba construyendo un pacto político con quien sería presidente de Venezuela a finales de 1999: relación que cambiaría la vida a su país, pero también de millones de seres humanos.

La personalidad de Chávez fue estudiada con esmerada atención por politólogos cubanos, quienes informaron sobre su avasalladora popularidad, carisma, tendencia al protagonismo, repudio a Washington e inocultable admiración por la revolución castrista, avizorando (al igual que las encuestas) que sería el próximo mandatario venezolano.

Es importante anotar que Chávez llegó al aeropuerto José Martí en un momento crítico para el régimen de Castro, dramático diríamos mejor, porque tres años antes (en 1991) se había disuelto la otrora poderosa Unión Soviética –su principal fuente de financiamiento– un hecho que significó la suspensión de líneas de crédito y de un parcial suministro de alimentos. Por ello, los tres años siguientes el PBI cubano retrocedió un 35%.

La deuda a los soviéticos (35 mil millones de dólares) era imposible de cancelar, lo mismo que al Club de París (11 mil millones de dólares); sin embargo, en un gesto de admirable generosidad los rusos condonaron el 90% de la acreencia y los 14 países del Club de Paris el 80 %. Se trató de un duro período de abstinencia, insoportables colas, escasez y racionamiento de alimentos, que obligaron al gobierno a buscar fuentes alternativas de ingresos a través del turismo, inversiones hoteleras y alentando las remesas de dólares. A pesar de ello, la crisis se agravaba aceleradamente en un país con 90% de pobres, con un salario mínimo vital de 9 dólares al mes y 90 dólares en promedio que también soportaba la destrucción de devastadores huracanes.

La llegada al poder de Chávez, el comandante rico y generoso, cuyo país posee las mayores reservas petroleras del mundo, significó más que un alivio para Castro. En adelante, el viejo revolucionario de Sierra Maestra, despojado de la aureola que encandiló a multitudes en la década de los sesenta y setenta, podía contar con ese apoyo económico no solo para mejorar la economía de su país sino para concertar a gobiernos y partidos de izquierda, enemigos del capitalismo, del libre mercado y de los antinorteamericanos.

Castro había fracasado en impulsar –con dinero ruso– la guerra de guerrillas en el hemisferio (con excepción de México), pero ahora podría cobrarse la revancha construyendo una plataforma política a su medida que incluyera la creación de nuevos organismos internacionales, como veremos en la próxima entrega.

Aunque el gobierno de Caracas guarda bajo siete llaves las cifras reales, expertos calculan que Venezuela debe haber proporcionado a Cuba entre 35 mil y 40 mil millones de dólares, facilitándole 900 mil barriles de petróleo al día, a precios de subvención. Y los cubanos, a cambio de dinero, proporcionaron asistencia en programas sociales pero también en inteligencia y seguridad para que el chavismo se mantenga y perpetúe su poder a través de elecciones.

El comandante pobre, Fidel Castro, y el comandante rico, Hugo Chávez, fracasarían en esta alianza, demostrando con ello que estatismo, aislamiento y totalitarismo sólo conducen al fracaso, a la corrupción y al genocidio, provocando un daño irreparable a los movimientos de izquierda vinculados al castrismo o al llamado Socialismo del Siglo XXl.

Foto: Flicker

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