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Clínicas para el cerebro

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Yo ya me cansé hace mucho tiempo de ser tonto útil de nadie, menos de gente que no pone un sol para sostener think tanks de ideas que ellos siempre usan, no para defender el bien común a través del bien individual sino solamente sus sucios y lustrosos bolsillos.



Hay gente que cree que uno es su tonto útil. Son algunos empresarios que, por serlo, piensan que pueden exprimir la naranja hasta sacarle la última gota de jugo en su favor y a uno tirarle una cáscara en plena situación de emergencia como la que vive el mundo con la peste china. Tales cretinos asumen que como uno tiene principios libertarios y asume posición en favor de la competencia libre y en defensa de la propiedad privada, está obligado a defenderlos a ellos y a sus zamarrerías. Pues están muy equivocados.

Es lo que ha pasado con el negocio de las clínicas que hoy tienen puesta la cabeza en el tajo de la guillotina por pasarse de vivos con el Estado, los usuarios y la emergencia nacional. En su alocución por los cien días del estado de emergencia y la cuarentena, Vizcarra dio un ultimátum a las clínicas privadas por no querer llegar a un acuerdo con el Estado y las aseguradoras para subsidiar el tratamiento en sus locales a pacientes con el COVID-19: dijo que aplicaría el artículo 70 de la Constitución que se refiere a la expropiación de la propiedad privada por necesidad pública, previo justiprecio de la misma.

Como de costumbre, el presidente no ha sido claro, pues ha afirmado que sería una medida transitoria, por lo que se infiere que más que todo es una carta para negociar en posición favorable con las clínicas, las cuales se han convertido por obra propia en símbolo del abuso y la indolencia en un estado de calamidad. Ya al Congreso el mismo Vizcarra le observó una ley parecida a la que hoy propone por sacar las clínicas la tajada del león en plena pandemia.

Esto no es gratis, y empezó cuando algunas de ellas empezaron a cobrar sumas astronómicas por hacer unas pruebas moleculares a cargo del Estado que no cobraba un sol. De ahí en adelante, siguieron cuesta abajo en la rodada con la reputación de “sangronas”, que culminó cuando los pacientes denunciaron más de medio millón de soles en deudas por internamiento en sus locales. El vaso se llenó.

Hoy los mismos empresarios atorrantes y arrogantes están haciendo cola para renegociar con el gobierno, a fin de que no se les aplique el artículo 70 de la Constitución y no se les confisque su propiedad, es decir, la gallina de los huevos de oro. Seguro llegarán a un acuerdo, y mediante esto demostrarán que sí podían cobrar un precio razonable por el tratamiento contra el COVID-19 sin perder sus negocios.

Lo razonable aquí es no ponerse ni del lado de los comunistas estatizadores ni de los reaccionarios que defienden –so pretexto de la Constitución– las tropelías de las clínicas privadas. El sentido común manda que se sienten las partes a conversar y lleguen a una conciliación en beneficio de los treinta y dos millones de peruanos.

Por mi parte, yo ya me cansé hace mucho tiempo de ser tonto útil de nadie, menos de gente que no pone un sol para sostener think tanks de ideas que ellos siempre usan, no para defender el bien común a través del bien individual sino solamente sus sucios y lustrosos bolsillos.

ACTUALIZACIÓN: Al cierre del día, el Gobierno llegó a un acuerdo con las clínicas. 

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