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Opinión

Cinco padres a Montenegro: “Con mis hijos no, señora”

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Pedimos a padres de familia de distintos sectores sus opiniones acerca de las recientes declaraciones de la ministra: "Con tus hijos sí me meto".



1. Carolina Dianderas, educadora:

“Como madre y profesional me generan preocupación las declaraciones de la señora ministra. La educación parte desde el hogar, porque debemos recordar que la primera escuela de socialización es el seno de la familia. Es inaceptable que se piense en privar a los padres de la autoridad en la formación de sus hijos. ¿Cómo formar hombres de bien si no se dan las condiciones?

En la familia se enseñan valores, virtudes y comportamientos, se desarrollan vínculos. ¿Qué pasará si en la escuela, en cambio, se instruye proporcionando información que en algunos casos se contrapone generando confusión en los niños? ¿Cómo esperamos mejorar nuestra educación, ética y moral? No es ninguna competencia. Si usted como representante del Estado o yo (como madre) educamos, debemos caminar de la mano respetando a las personas en su totalidad, libres de ideologías y otras posturas que deforman la educación y atentan contra la familia. Sin mencionar que generalizar a todos los hombres como violadores, maltratadores o asesinos distorsiona la visión que se tiene hacia el sexo masculino”.

2. Carlos Anlas, educador:

“No me sorprende para nada su comentario de imposición. Creo que la ministra está equivocada sobre quién debe educar. Habla de respeto a las diferencias pero ella misma no sabe qué significa el respeto. Por ley, como derecho y deber nos corresponde a mí y a mi esposa formar y educar a nuestros hijos. Entonces ella nos está faltando el respeto; y lo que ha declarado es una ilegalidad. La Constitución me da la facultad de guiar a mi hijo por el bien. Eso contribuye a la unidad de la familia, que es el núcleo de la sociedad, algo que la ministra no toma en cuenta ni menciona”.

3. Giuliana Caccia, directora de FAM:

“Las declaraciones de la ministra Gloria Montenegro tienen dos connotaciones que son realmente graves. La primera es que van contra los derechos constitucionales de los padres y de los niños, quienes deben ser educados por sus padres según los valores que ellos crean son los mejores. La segunda es que demuestra la verdadera cara de la imposición del género: el de una dictadura que arrasa con todo aquel que piensa distinto. Y este tipo de totalitarismo ya tiene muchas víctimas en otros países en los que el enfoque de género lleva años en las políticas públicas.

Hay muchos casos en que el Estado ha separado a niños de sus padres por no querer aceptar valores impuestos desde las leyes. Han separado hermanitos para darlos a hogares adoptivos porque los padres eran, por ejemplo, cristianos. No es película. Está pasando. Y sucederá en el Perú si es que no ponemos un alto. La ministra debe retractarse, y el presidente Vizcarra tiene que tomar alguna medida. ¿O él está de acuerdo conque se violen derechos constitucionales desde su Gobierno?”.

4. Alfredo Scerpella, ingeniero:

“La ministra está totalmente equivocada. Acá la idea es hacer de la sociedad lo más justa posible y se trabaja en beneficio de los niños: de su seguridad, alimentación y educación. Es la única forma de lograr ciudadanos que generen el cambio. ¿Ella pretende tener injerencia dentro de cada familia? Yo, desde que decidí tener hijos asumí que debería dejar muchas cosas de lado para cumplir con ellos. Así que tenemos todo el derecho a equivocarnos y a aprender de nuestros errores; nadie, y menos el Estado peruano con todas las deficiencias que conocemos, va a venir a decirme cómo tengo que criar a mis hijos”.

5. Silvana Ramos, ingeniera:

“Señora ministra, no creo que poner mandiles rosados a varones rompa ningún estereotipo, sino que más bien lo refuerza y de alguna manera señala una connotación negativa o inferior al trabajo de casa. En ese sentido, la violencia contra la mujer, la violencia en la sociedad en general, no puede atribuirse únicamente al machismo y tampoco es que la solución sea satanizar la palabra ‘patriarcado’. Tiene que ver con pobreza, con falta de educación en valores, de acceso a cultura. Por otro lado es cierto que somos distintos, y lo podemos ver cuando, por ejemplo, debo solicitar licencia por embarazo y lactancia distinta a la de un varón. Se trata de cuestiones biológicas. ¿O es que debería verme forzada a tener que escoger entre mi carrera o mi maternidad?

Por cierto, si hablamos de cuota y alternancia yo quiero que me elijan en un trabajo porque soy capaz y no porque soy mujer. Quiero que a mis hijos o hijas se les mida en igualdad de oportunidades, y que si alguno de ellos decide dedicarse a su hogar no sea mal visto sino igualmente respetado.

Así que todo parece una burla hacia el intelecto de los peruanos, y por eso no dejo que con mis hijos se metan. Porque no dan la información completa –sino sesgada para favorecer los intereses de algunos–, cuando lo que necesitamos es que hombres y mujeres aprendan a trabajar en familia y en corresponsabilidad”.

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