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Christchurch

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Mi impresión es que una fuerte corriente ideológica de izquierda que en Occidente se suele calificar de "progresista" es la gran responsable de lo que hoy ocurre en el mundo con matanzas como esta.



La matanza de 49 personas, entre hombres, mujeres y niños musulmanes, en dos mezquitas de Christchurch en Nueva Zelanda ha dejado horrorizado al mundo occidental. La carnicería que fue transmitida en vivo por una cámara (adosada al cuerpo del asesino) a través de Facebook Live durante los 17 minutos que duró el ataque ha vuelto a poner sobre el tapete el tema de la inmigración, la religión, el racismo y el multiculturalismo, así como las políticas públicas de derechos humanos que durante los últimos 25 años se han implementado en los países más desarrollados del mundo.

Es obvio que en Occidente, por la reacción política electoral (Trump, Le Pen, Brexit, Bolsonaro, etc.) así como por hechos delictivos como el de esta matanza, algo se hizo mal respecto a estos temas desde principios de los años 90 del siglo XX hasta la fecha.

Mi impresión es que una fuerte corriente ideológica de izquierda que en Occidente se suele calificar de “progresista” es la gran responsable de lo que hoy ocurre en el mundo con matanzas como esta. Las políticas públicas que –en nombre de los derechos humanos– entronizaron el multiculturalismo privilegiando leyes de cuotas para las minorías migratorias en salud, educación, empleo, ayuda, beneficios sociales, impuestos, en contraposición con las cargas de la “igualdad ante la ley” para las mayorías, han terminado en una revuelta del sentido común a nivel global. Esta revuelta del sentido común, como suele suceder en la Historia, se encauza por vías legítimas como los debates políticos, académicos y culturales (que la intolerancia y el sectarismo ideológico de los “progresistas” no admite siquiera discutir), así como por vías de muerte y destrucción como la masacre abominable de Christchurch.

Si en Occidente la izquierda de los progresistas sigue creyendo que la barbarie contra las minorías religiosas, culturales o raciales es responsabilidad de la ultraderecha y los supremacistas blancos, abominaciones como las de Christchurch seguirán ocurriendo por la sencilla razón de que son apenas un síntoma repugnante de una enfermedad que ataca el sentido común, sistema nervioso de cualquier sociedad civilizada. Y el virus más letal contra el sentido común es el “progresismo” occidental.

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