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Chivo expiatorio

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Si la mayoría deja magullado a Vizcarra pero en el cargo, podrá aplicar luego todo el rigor del control político al siguiente interpelado: el ministro del Interior (que no es vicepresidente) Carlos Basombrío.



Mientras escribo estas líneas el Pleno del Congreso interpela al ministro de Transportes y primer vicepresidente de la República, Martín Vizcarra. El ministro debe responder sobre el contrato y las adendas para la construcción y administración del aeropuerto de Chinchero, en Cusco. El tema da para una explicación exhaustiva más debate político, por lo que la interpelación está más que justificada. Hay que medir el pulso de la bancada mayoritaria para saber qué suerte correrá el ministro luego de la interpelación, pero me arriesgo a la aventura de señalar que, más allá del calor del debate que se estila en toda interpelación, el ministro no se irá a su casa y su suerte dependerá de cuánto quiera cuidar a su primer vicepresidente el Poder Ejecutivo en el futuro.

En política hay que saber siempre qué batallas librar, evitando los maximalismos. Si la mayoría (y las minorías que también firmaron la moción de interpelación) deja magullado a Vizcarra pero en el cargo, podrá luego aplicar todo el rigor del control político al siguiente interpelado, el ministro del Interior (que no es vicepresidente), Carlos Basombrío. He dicho y me ratifico en esta columna que el intento del Poder Ejecutivo de dividir torpemente a la bancada mayoritaria y la iniciativa fallida de dinamitar el liderazgo de Keiko Fujimori en su propio partido utilizando como moneda de intercambio la condición penitenciaria de su padre requiere una respuesta política contundente de esa fuerza parlamentaria.

Considero que la respuesta apropiada es censurar a un ministro, más allá de las razones específicas que pueden legitimar esa medida extrema. En otras palabras y a prueba de corchos, Basombrío ha cometido durante su gestión una serie de desatinos que lo hacen merecedor de una censura: “escuadrón de la muerte” que no existió, “pirómano de Larcomar” que tampoco existió, marcha del Movadef en sus barbas, y un largo etc. Pero más allá de eso su cabeza debería caer, además, como escarmiento político a un gobierno que quiso golpear al partido opositor mayoritario y fracasó en el intento.

Así, Basombrío cumpliría el bíblico papel del “chivo expiatorio”. Es decir, quien comete una falta la expía a través del sacrificio de un chivo para seguir en gracia con su propia vida. En este caso, la expiación del gobierno a través del ministro del Interior sería la condición para que se restablezca la paz entre el Ejecutivo y el Legislativo que domina Fuerza Popular. Y a los que no les gusta la Biblia y sí la ciencia (política): se trata de causa y efecto, ni más ni menos.

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