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Chappaquiddick

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La historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como comedia. Como tragedia le sucedió a Ted Kennedy; la comedia se la dejamos al Perú, donde acaba de suceder algo muy similar con un candidato.



La historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como comedia. Como tragedia le sucedió a Ted Kennedy, el último sobreviviente de los hermanos que marcarían con su muerte una década: los 60 del siglo XX.

Ted era la gran esperanza del partido demócrata para las elecciones de 1972 contra el presidente Richard Nixon. Sin embargo, todo eso se fue al agua –literalmente– con el incidente mortal de Chappaquiddick. Este lugar es una pequeña isla en el estado de Massachusetts, del que Ted Kennedy fue senador hasta el fin de sus días.

En julio de 1969, Ted y otros amigos participaron en una fiesta de camaradería con los voluntarios del equipo de campaña de Bob Kennedy, asesinado el año anterior en plena carrera hacia la Casa Blanca. Rociado de mucho alcohol, Kennedy salió de la fiesta con la joven y hermosa asistente de campaña Mary Jo Kopechne, enrrumbando en el auto del senador hacia el ferry que los sacaría de la isla. En el camino, mientras cruzaba un puente, el auto de Kennedy se despistó y cayó a un río donde se hundió. Kennedy pudo salir del auto y salvarse, pero su acompañante quedó atrapada y murió ahogada, sin que Kennedy hiciera el menor esfuerzo por salvarla.

Pero el asunto fue aún peor que eso. Asustado, Ted Kennedy había huido del lugar del accidente y regresó a su hotel para dormir hasta el día siguiente, sin haber avisado a la policía. Finalmente y antes de ponerse a disposición de las autoridades, se comunicó con su influyente familia y su staff de asesores de crisis para tratar de arreglar las cosas. Vestido y bañado se presentó ante el sheriff para contar su versión y luego se dirigió al país en una alocución televisada en la que aparecía con un collarín. Nadie le creyó.

Kennedy nunca pudo explicar coherentemente por qué viajaba con una asistente más joven que él (Ted estaba casado con Joan Bennett Kennedy) y, sobre todo, por qué había huido sin dar aviso a la policía por más de 24 horas. La prensa y la opinión pública lo lapidaron y fue percibido como irresponsable, infiel y cobarde; en suma, indigno para liderar a los Estados Unidos. Y con esos antecedentes, ya no pudo presentarse a las primarias de 1972.

En 1980, creyendo que había pasado suficiente tiempo como para que Chappaquiddick se diluyera en la memoria de los americanos, Kennedy vio la ocasión de disputarle la elección primaria de los demócratas a Carter, golpeado por la crisis de rehenes en Irán. Carter lo aplastó y postuló para un segundo mandato que perdió contra Ronald Reagan.

Ted Kennedy nunca más postuló a la presidencia de los Estados Unidos. Hasta aquí la tragedia, dados los personajes, la familia y el gran país involucrado. La comedia se la dejamos al Perú, donde acaba de suceder algo muy similar con un candidato.

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