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Opinión

Caviares al borde de un ataque de nervios

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Susana Villarán se apresura a colocar a su gente.



Parece que las sólidas tendencias que marcan el paso en la carrera electoral de 2016 han terminado por obligar a un aterrizaje forzoso de la izquierda caviar. Y es que los cuatro punteros tienen en común —más allá de ciertas infiltraciones padecidas— que son opciones que mantendrán el actual modelo económico promercado. Lo cual no deja grandes espacios reales a alternativas antimodelo como las que encarnan —con todo derecho— Verónika Mendoza, Yehude Simon o el propio Vladimir Cerrón.

Ante este desánimo, todo indica que la izquierda caviar habría entrado en modo de “ataque de nervios”. Y entonces, apareció el verdadero leitmotiv de sus más connotados exponentes: agarrar lo que sea y como sea de la gran torta del poder a repartir.

Basta con revisar las acciones, antes que las palabras, de los últimos acomodos. Susana Villarán, presunta defensora de los derechos humanos y abanderada de la dignidad de las mujeres maltratadas, avalando la candidatura de Daniel Urresti. Nano Guerra García, lugarteniente de Villarán en la revocatoria, encabezando la plancha del partido de su “bestia negra” Luis Castañeda. Vladimir Huaroc, cofundador y expresidente del partido de Villarán, ahora escudero de Keiko Fujimori, heredera política de un régimen que dicen repudiar.

Por su parte, Anel Towsend, otra lugarteniente villaranista en la revocatoria y activista de derechos de la mujer, funge hoy de garante de César Acuña, acusado de maltratar a su propia esposa.

Y para colocar la cereza al pastel, ahora se habla que los “progresistas” Susel Paredes y el chico Augusto Rey —también villaranistas— andan buscando treparse al coche del buen PPK, quien debe ser el más ultraderechista conservador de todos los candidatos.

Entretanto, gente como Mendoza, Simon y Cerrón decidieron morir en la propia. Digno proceder. Pues para eso uno está en la política: para fijar posiciones, compulsarlas y discutirlas, competir, ganar o perder.

Es respetable ser de izquierda como lo es ser de derecha. Lo repulsivo es convertirse en tránsfuga de uno mismo. Es el peor transfuguismo, no respecto de un partido, sino de lo que se supone que uno es en esencia. ¿Será por eso que a los caviares los repudian hasta los demás izquierdistas por tibios y oportunistas?

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