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Cargamontón contra la verdad

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La Comisión Lava Jato es el equipo de investigación congresal más importante del país, pero es objeto de permanente y ácida crítica.



“El poder de investigación es una de las facultades más importantes del Congreso. La forma en que dicho poder se ejercite determinará extensamente la posición y prestigio del Congreso en el futuro”, dijo alguna vez Harry S. Truman, trigésimo tercer presidente de los Estados Unidos.

Han pasado más de ochenta años desde esas declaraciones y se mantienen absolutamente vigentes. La facultad de investigación del Congreso Estadounidense es, quizás, más importante que sus prerrogativas legislativas (como en alguna oportunidad lo afirmara Woodrow Wilson) y está sustentada en un rígido sistema de balance de poderes (checks and balances) que garantiza su equilibrio como pilar fundamental de la democracia, evitando que demasiada autoridad se concentre en un solo grupo de dominio. Tienen atribuciones omnímodas para compeler la concurrencia de testigos y recibir respuesta a sus interrogatorios. La renuncia de Richard Nixon es un claro ejemplo de su fuerza y eficacia arrolladora.

La legislación italiana ha blindado y fortalecido a las comisiones congresales, permitiendo que gocen de los mismos poderes que la autoridad judicial. Están facultadas para ordenar registros domiciliarios, convocar a todo tipo de testigos, solicitar interceptación de llamadas y hacer uso de la policía judicial. En Alemania, no solo son un elemento imprescindible de control del Bundestag sobre el Ejecutivo sino, en palabras del constitucionalista Hans Peter Schneider: “Un elemento irrenunciable del orden democrático”.

¿Por qué en el Perú están tan venidas a menos que hasta el propio presidente las califica de circo? Hoy, la Comisión Lava Jato es el equipo de investigación congresal más importante del país; sin embargo,  es objeto de permanente y ácida crítica. El antifujimorismo en pleno se pronuncia contra ella: no les interesa lo que se ha logrado hasta hoy porque su única y enfermiza obsesión es ver a Keiko Fujimori tras las rejas, aunque no exista evidencia de delito. Estoy segura de que serían capaces de respaldar declaraciones fraguadas y piezas apócrifas (existen precedentes conocidos en ambos casos) con tal de ver sus deseos satisfechos. Ese es el nivel de encono y fragmentación que tenemos en nuestro Perú.

No pestañean ante las expresiones de Marisol Espinoza quien, por defender a su cada vez más rico jefe y a su clan familiar, descalifica a Rosa Bartra como presidenta de la Comisión simplemente porque concurrió al allanamiento de un local de FP. ¿Toda una gestión desconocida y mancillada por ejercer un legítimo derecho como miembro de su partido? ¡Inaceptable!

La campaña de desprestigio de la congresista Espinoza afortunadamente no tuvo eco, por lo que ayer tomó la decisión de renunciar en lo que ella habrá interpretado como un gesto de necesaria dignidad. Son embargo, ante los ojos de la mayoría, es simplemente optar por el camino facilista de evadir sus obligaciones. Cansada de defender lo indefendible, posiblemente le está cediendo paso a la aguerrida señora Montenegro, otra fiel escudera del imperio Acuña.

El éxito de una comisión investigadora no solo depende de la neutralidad y profesionalismo de sus miembros, sino de la objetividad mediática, de la voluntad de colaboración de los implicados y, en especial, del respeto por la majestad y autonomía de las instituciones del país.

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