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Brexit, la agonía de la globalización

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En el Perú recogerán los dividendos el movimiento de izquierda rupturista y el nacionalismo ideológico, donde quiera que este arraigue.



El Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte ha decidido, en un referéndum, abandonar la Unión Europea. Dada la importancia en Europa del país que se aleja (quinta potencia económica mundial, así como uno de los cinco privilegiados con poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas), y del proyecto político que pierde a un socio de tal magnitud, las consecuencias son históricas (ya se están recolectando firmas en el RU para convocar otro referéndum sobre el Brexit).

No nos vamos a detener aquí en cuánto afectará a Gran Bretaña haberse salido de la Unión Europea pues no tiene ningún sentido. Sí lo tiene, por el contrario, detenernos en cuánto le costará a la Unión Europea el alejamiento de la Gran Bretaña. Y esto en los términos más importantes que son el político y el ideológico.

La Unión Europea representa hoy el proyecto más acabado de la globalización. Es decir, la globalización, entendida como “un fenómeno de redes mundiales en expansión, en donde se mueven el capital, el trabajo, las mercancías, las ideas, los conocimientos y los individuos” ha arraigado físicamente en la Unión Europea. No existe en el mundo contemporáneo algo que se le equipare, dejando a los Tratados de Libre Comercio en segundo lugar de importancia con referencia al proyecto globalizador.

Así pues, que Gran Bretaña se retire de la UE significa un inmenso golpe a la globalización y a los contenidos políticos de su proyecto universalista que, para los efectos de la brevedad de este comentario, podemos resumir en todo aquello que se pueda calificar como “políticamente correcto” y que la realidad viene poniendo en tela de juicio. 

Quienes objetan este modelo de conducta universal son básicamente los nacionalistas que, por lo tanto, serán los beneficiarios políticos de este hecho histórico a nivel mundial. Donald Trump está en esa línea y eso implicaría, de ser elegido presidente de los Estados Unidos en noviembre, que la globalización como proyecto político mundial habría terminado. 

De tal manera que podríamos afirmar que el contenido globalizador es básicamente un pensamiento “progresista” de izquierda. Sin embargo, paradójicamente, entre los detractores de la globalización está también una nueva izquierda mundial que objeta los paradigmas ortodoxos de la economía global, causante de una explosión de riqueza sin precedentes.

Entonces, aunque parezca curioso, los movimientos de izquierda radical también se beneficiarán con este acontecimiento histórico rupturista. Es una delicia, sin embargo, conocer que Donald Trump es el principal enemigo de los tratados de libre comercio porque “han arruinado” a Estados Unidos. 

En el Perú, que está en la periferia del mundo, estos hechos significan el principio del fin del modelo globalizador al que se ha adherido con convicción, sobre todo en la economía. Recogerán los dividendos para dentro de cinco años el movimiento de izquierda rupturista y el nacionalismo ideológico, donde quiera que este arraigue (lo más probable, en Fuerza Popular).  

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