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Boquitas de caramelo

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En pleno siglo XXI, todavía hay muchísimos trogloditas que no se aguantan el machismo.



Los hombres exudan machismo, pero debo reconocer que muchos se dominan y han logrado vencer e internalizar los principios de igualdad y respeto hacia las mujeres. Ya sea porque han recibido una educación adecuada, porque tienen ejemplos a seguir, por su propia experiencia y trato con mujeres o porque contrataron a esa CEO que les ordenó la empresa y les hizo ganar muchísimo dinero. Por las razones que fuere, rompieron paradigmas y prejuicios y aceptan la igualdad intelectual y de oportunidades laborales.

Sin embargo, en pleno siglo XXI todavía hay muchísimos trogloditas que no se aguantan. Expresiones como las del congresista Humberto Morales no se pueden pasar por agua tibia. “A mí me enseñó una cosa mi madre: las mujeres después de ser chismosas, son mentirosas”, dijo hace unos días. Ignoro en qué circunstancias le brindarían esa información, pero estoy segura de que la señora Morales, con todo el respeto que me merece, no se identificaba con esa “clasificación” de las mujeres.

Luego ofreció disculpas por las que consideró “declaraciones desafortunadas”. ¡Menudo arrepentimiento! Hubiera querido verlo reconociendo que por hombres como él no hay avances en la erradicación de la violencia contra la mujer, sino madres solteras, abandonadas o muertas. Por hombres como él, la actriz Tatiana Astengo propuso, con ocasión del Día del Padre, que “ninguna empresa peruana contrate a un hombre si tiene juicio de alimentos y pensión para sus hijos”. Es revancha que sale del corazón, pero no podemos llegar a esos extremos.

Saludo que tres organizaciones feministas hayan presentado una denuncia contra el congresista ante la Comisión de Ética. Confiemos en que se le dé debido trámite y no la archiven, como parece ser el camino de aquellas interpuestas contra los fujimoristas Maritza García, Betty Anaculi y Modesto Figueroa. Una vergüenza por parte de FP, que preside esta comisión: las sanciones deberían ser ejemplificadoras.

El machismo es el común denominador de los hombres, indistintamente de su clase social o capacidad económica. Sin embargo, llama mucho la atención cuando se trata de políticos o de líderes de opinión. Algunos ejemplos:

En Latinoamérica abundan los casos:  (i) José Antonio Kast, precandidato presidencial chileno tuvo la osadía de declarar que “solo una maquinación intelectual es capaz de decir que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo”, en una discusión parlamentaria sobre el aborto.;(ii) Marcelo Schilling, miembro del Partido Socialista Chileno se refirió a unas mujeres que protestaban delante del Congreso y les espetó “Fuera, viejas culiás”; Ramon Cardona, del Partido Conservador de Colombia expresó: “Las leyes son como las mujeres, se hicieron para violarlas; pero nosotros no podemos pasarnos por encima la ley”.

Europa no se queda atrás. El ministro de Finanzas de Holanda y presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, dijo que los países del sur se “gastan todo el dinero en tragos y mujeres”. Se refería a España, Portugal, Grecia, Chipre, Irlanda. ¡Y se rehusó a pedir disculpas! Le parecía normal expresarse de la mujer como si fuera una mercancía más.  

El europarlamentario polaco Korwin-Mikke expresó muy suelto de huesos: “¿Sabe usted qué papel ocupaban las mujeres en las Olimpiadas griegas? La primera mujer, ya se lo digo yo, ocupó el puesto 800. ¿Sabe usted cuántas mujeres hay entre los primeros cien jugadores de ajedrez? Se lo diré: ninguna. Por supuesto que las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son más débiles, más pequeñas, menos inteligentes”.

En España, como señala Jorge Reverte en su columna en El País Internacional el día viernes pasado: “Lo que puede hacer que nuestros santuarios de la política se conviertan en tabernas grasientas es que haya diputados que usen el machismo o el racismo como una herramienta que les parezca graciosa, a falta de mejores argumentos de la inteligencia”. Esto con motivo de los comentarios de Pepe Montero, portavoz del PP, refiriéndose a la política española Irene Montero y a un supuesto noviazgo con Pablo Iglesias de Podemos.

Las mujeres a menudo somos retratadas de manera vicaria, como si fuéramos ciudadanas de segunda categoría, pero ello tiene que cambiar. El artículo 24 del Código Civil, a diferencia de la legislación anterior, dispone que “la mujer tiene derecho a llevar el apellido del marido agregado al suyo y a conservarlo mientras no contraiga nuevo matrimonio”. Vale decir, es potestativo; es un derecho de la mujer que yo sugeriría no ejerzan: ¡la preposición “de”, significa pertenencia y algunos, lamentablemente, se la creen!

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