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Bolivia: sin mar y sin Evo

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El fallo de La Haya también afecta el objetivo central de Evo Morales, quien pretende reelegirse por cuarta vez violando la Constitución y las leyes de su país.



El fallo de la Corte Internacional de Justicia canceló la aspiración boliviana de recuperar parte del territorio que perdieron en la guerra de 1879 y, con ello, el acceso al Océano Pacifico. Desde el siglo pasado ese propósito reinvindicativo ha sido eje de la política exterior de Bolivia, también con una fuerte incidencia en su política interna que inclusive los condujo a negociaciones secretas con Chile para obtener en propiedad Tacna y Arica.

En 1921 –después de diecisiete años de vigencia del Tratado de 1904, en que cedieron a Chile 120 mil km2 de territorio y 400 km2 de costa– el gobierno de La Paz comenzó su largo peregrinaje diplomático solicitando a la Liga de las Naciones –antecesora de la ONU– que promoviera la revisión de dicho acuerdo con el argumento de que fue impuesto por la violencia. Ante ello, el presidente de la Asamblea convocó a tres juristas para estudiar el tema: ellos respondieron que la Liga no tenía competencia para modificar un pacto limítrofe, opinión que fue respaldada por dicho organismo no solo por esa consideración legal sino porque de aceptar el reclamo boliviano numerosos países podrían exigir lo mismo y así quedarían desestabilizados los siempre sensibles pactos de fronteras en el mundo.

De ahí en adelante, la nación del Altiplano ha intentado diversas fórmulas para salir del enclaustramiento marítimo recurriendo a la OEA, la ONU y foros multilaterales sin ningún resultado concreto, salvo comprensión y solidaridad.

El Perú siempre mostró buena disposición con ese propósito expresando, sin embargo, que el diferendo entre Bolivia y Chile era un asunto bilateral y que solo intervendría para dar su conformidad si un nuevo acuerdo comprendía zonas que fueron peruanas, en atención a lo dispuesto en el artículo primero del Protocolo Complementario del Tratado de 1929. En esa línea de cooperación, en 1992 concedimos a Bolivia 5 kilómetros de costa en Ilo, región Moquegua, para que utilicen ese espacio como área turística y zona franca, donde podían construir terminales de carga, hoteles y fábricas. Sin embargo, en 26 años no han realizado ninguna inversión y el lugar se encuentra en completo abandono.

Lo mismo sucedió con Paraguay, nación que a través del Tratado de Paz de 1938 –que puso fin a la sangrienta Guerra del Chaco– facilitó a Bolivia el más amplio tránsito por su territorio para utilizar el Puerto Casado e instalar una agencia aduanera, depósitos y almacenes con fines de exportación. No lo han hecho hasta la fecha. Y en 1994 firmaron otro convenio mediante el cual Paraguay les entregó en concesión seis mil metros cuadrados de terreno en el puerto de Villeta, para que construyan una zona franca y un área de almacenamiento para trasladar sus mercaderías hasta el río Paraná, en Argentina, y de ahí alcanzar las aguas del Océano Atlántico.

Propuestas similares presentaron argentinos, brasileños, uruguayos y chilenos sin ningún resultado; porque el verdadero objetivo boliviano era y es disponer de un espacio terrestre y marítimo con soberanía plena. La sentencia de La Haya, sin embargo, ha cancelado esa aspiración y ahora el gobierno tendrá que replantear su política para activar los diversos acuerdos que hemos referido.

El fallo, además, también afecta el objetivo central del presidente. Evo Morales pretende reelegirse por cuarta vez, violando la Constitución y las leyes de su país. Con ese propósito durante cinco años utilizó –o agitó, mejor dicho– la demanda contra Chile, creando expectativas triunfalistas que hoy quedaron sepultadas en la resolución de la Corte Internacional, un episodio que puede epilogarse como el mayor fracaso de la historia diplomática de un gobierno boliviano.

Morales ejerce la presidencia desde el año 2006. En 2010 fue reelecto; luego en 2014; y ahora pretende un cuarto periodo para gobernar hasta el 2024. Sin embargo, la derrota en La Haya tendrá un impacto negativo para concretar esa ambición, como analizaremos con amplitud en un próximo artículo.

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