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Bitácora de febrero y expectativas de marzo

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La pregunta es si Del Solar está preparado para el cargo. Pero en un país en el que ha gobernado Humala y reinado Nadine Heredia esa interrogante queda relativizada.



Con la designación de Salvador del Solar como presidente del Consejo de Ministros el país entra de a pocos a una manera distinta de encarar la política. Atrás queda parte de la actual clase política tradicional y su designación es una apuesta a un desarrollo y una formación diferentes.

Las preguntas son, obviamente, si la decisión es correcta y si Del Solar está preparado para el cargo. Pero en un país en el que ha gobernado Humala y reinado Nadine Heredia esa interrogante queda relativizada.

Vizcarra optó por un personaje carismático y comunicador que llega a la PCM sin apoyo específico, y que coordinará las acciones de gobierno sin partido propio y sin un respaldo parlamentario personalizado. Todos los políticos, además, estará expectante de cualquier error u omisión de su parte. Y esto simboliza el desgaste de la actual clase política, pero también la necesidad de renovarla (política y administrativamente) sin los vicios actualmente existentes.

La corrupción, el compadrazgo, los intereses económicos de grupo, la captura de instituciones, la mentira, la manipulación, la arrogancia y la falta de credibilidad son solo algunos de los elementos de una anemia política generalizada que ha generado, además, una anemia real en la población. Anemia que incapacita al país para el futuro, que afianza las diferencias económicas desde la salud, que impide el acceso al aprendizaje y a la inteligencia, que crea desde la infancia las bases para un futuro desgobierno y para una competencia desigual, que clava una cruz en el destino de millones de peruanos. Y todo por falta de capacidad para gobernar, de planificación, de otredad, de atención a los demás.

Febrero pasó como se esperaba: con un huaico climático y político. Muchas quebradas se activaron pero felizmente –mal que bien– se logró capear el temporal, aunque quedan centenares de damnificados. Y la pregunta que se hace la población es cuando tomará un curso definitivo la famosa reconstrucción, hasta cuándo tendremos que esperar resultados, por qué no hay una información pública coordinada de cómo va esa tarea, por qué no hay un planeamiento efectivo para sacar adelante la reconstrucción.

En febrero, también, el huaico vino de Brasil. Y llegó con delaciones, acusaciones, sospechas e interrogatorios en el marco de un acuerdo cuestionado por algunos y defendido por otros; trajo nuevos nombres, sorpresas esperadas, nuevas pistas. Lo que viene para algunos políticos y operadores de la corrupción será una lenta agonía, el final de una época de asalto y descrédito, además de la vergüenza por ser protagonistas del robo y saqueo.

No solo hay corrupción: también hay cobardía. Porque es cobarde que un congresista protagonice un escándalo público y que pretenda echarle la culpa a su “seguridad”… seguridad que cuida su vida. Como lo es también que un fiscal ordene a sus subordinados perpetrar el delito de introducirse a una oficina lacrada para sustraer cajas con documentos, a sabiendas de que luego esa gente (su gente) será condenada con cárcel. Veremos qué pasa en los próximos días.

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