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Bienvenido, Haya

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Las mayores demandas de nuestra población, que aprecia a golpe de vista los beneficios de la economía más moderna, empujan a un partido como el aprista a replantear sus conceptos, su doctrina y, por tanto, sus estrategias políticas.



Superando con esfuerzo algunas deficiencias sintácticas, numéricas y relativistas –atribuibles tal vez al cierre de edición– terminé de leer el artículo: Goodbye, Haya!, publicado en el Comercio hace unos días. Toca esclarecer imprecisiones allende cuestiones semánticas que –por mayor entendimiento del lector poco educado en la doctrina o ajeno a la práctica política– pueden salvarse.

En una organización política, como en toda organización humana, los espacios se luchan, se ganan, se conquistan. El poder no se cede. Y nadie suspende a nadie, ni nadie impide nada a nadie. Las suspensiones formalizadas o los impedimentos legales resultan el colofón de errores de cálculo político (muchas veces por sobreestimación) o falta de rigurosidad.

Una postulación no es impedida a solicitud de alguien, menos aún si va despertando simpatías entre los electores. Se cae por falta de liderazgo, de arraigo; porque no despierta interés, atractivo; porque no entusiasma y todavía porque no es capaz de sobreponerse a sus opositores dentro y fuera de la organización. Y esto se aprende militando; vale decir, haciendo y organizando. Lima puede ilustrar una dinámica, pero el conocedor profundo de la realidad nacional –el observador atento a los distintos ritmos de nuestra política en las diferentes zonas de nuestro país– encontrará otros elementos que desdibujan tal evaluación parcial y redibujan una nueva trama, más diversa y por tanto más rica.

Pero vamos al punto. El columnista de El Comercio repite conceptos importados de la vieja literatura europea sobre derechas e izquierdas y los endilga al aprismo con el mayor simplismo. Permítame recordar que el aprismo es un movimiento autónomo, ajeno a subordinaciones ideológicas. Entre sus desafíos está el descubrir siempre la realidad y encontrar definiciones acordes. Y la realidad es hoy efervescente, cambiante, novedosa.

El reciente periodo de expansión económica del país ha incrementado la masa crítica de consumidores que cumplen una importante función de distribución y circulación. Nuevas relaciones surgen, en una economía muy informal, de baja calidad de vida y pese a persistir un importante sector de la población en condición de pobreza, difícil de eliminar. El fácil y mayor acceso a la tecnología acerca, aún a estos sectores pobres, a la información más avanzada. Todo esto obliga elaborar nuevos conceptos y nuevas estrategias.

En el Partido Aprista estamos en eso: no basta el importante crecimiento económico alcanzado ni la cantidad de obras realizadas por nuestro segundo gobierno; tampoco proclamar la mayor reducción de la pobreza –como no se había logrado en toda la historia del país– para colmar las expectativas de la población. La conexión domiciliaria de agua o electricidad no basta. Las mayores demandas de nuestra población, que aprecia a golpe de vista los beneficios de la economía más moderna, empujan a un partido como el aprista a replantear sus conceptos, su doctrina y, por tanto, sus estrategias políticas.

Como los apristas no dejamos de ser apristas tras las recientes elecciones, al interior del APRA varios grupos persisten observando la realidad en busca de nuevas definiciones, siempre en nuestra línea de interpretación dialéctica de la historia. Afrontamos nuestras propias dificultades de entendimiento interno y todas las investigaciones fiscales, queremos hacer política con responsabilidad para conducir el país con honestidad para salvaguardar sus recursos, con conocimiento para tomar las decisiones apropiadas, con sabiduría para guiar nuestra conducta, con paciencia hasta la aparición de nuevos liderazgos.

En esta carrera de resistencia, tenemos por delante un próximo congreso partidario y, luego, la misión de llegar al corazón del pueblo para conquistar el poder democráticamente a través de elecciones libres… hasta enrumbar a nuestra nación por la senda del desarrollo y proyectar su experiencia hacia Indoamérica. Hasta nuestros tiempos, una de las pocas cosas que en el país tramonta generaciones es el APRA.

Con aciertos y errores –inevitables en tan larga historia– el aprismo mantiene su vigencia no por lo que hizo, por lo que pudo hacer o por lo que dejó de hacer; sino por lo que está construyendo y por lo que hará en bien de nuestra nación. Por todo esto, siempre es bienvenido Haya.

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