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Opinión

Bancos peruanos: lágrimas, sangre y decepción

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Nuestra experiencia con el sistema bancario en tres dolorosas palabras



Lágrimas: De impotencia e incredulidad al recibir los estados de cuenta de nuestras tarjetas de crédito. Además de las escandalosas tasas de interés, están las comisiones indebidas y abusivas, con nombres petulantes para disfrazar su falsa legitimidad. ¿Y la campaña escolar? En abril habrá más lágrimas que nunca.

Sangre: 45% es la tasa de interés promedio por los créditos de consumo. Debe ser una de las más altas del mundo. A diciembre pasado, los peruanos debíamos casi 5000 millones de soles. Regocijo para los bancos, que cuando ven que estamos hasta el cuello cual aves rapaces ofrecen comprar las deudas, otorgando “generosos” plazos de gracia y engañosos días de tranquilidad. Estos, al final, solo generan mayor consumo porque nos mantienen entrampados en este espiral de endeudamiento.

Hay gente que literalmente trabaja para beneficio de sus prestamistas. Y las personas individuales somos las víctimas naturales de esta esclavitud.  La tasa de morosidad ha crecido, porque llega un momento en  que se te cierran todas las puertas. Pues sí, algún día el acceso al crédito formal se agota y la necesidad te hace incursionar en caminos tenebrosos y de no retorno.

Decepción: La SBS se desgasta combatiendo los abusos de los bancos, sin mayor éxito. Perú es el país de la región con el más bajo nivel de bancarización; la práctica del dinero bajo el colchón (y el consecuente pago en efectivo) sigue muy extendida y es rentable.

En agosto pasado, el congresista Lescano presentó un proyecto de ley para eliminar comisiones bancarias abusivas y dar incentivos eficientes para una mayor bancarización. El problema con esta propuesta es su falta de razonabilidad: (a) prohíbe en forma absoluta el cobro de 204 comisiones, las mismas que enumera taxativamente —se olvidó de que los bancos son imaginativos: les cambian de  nombre o las incorporan en la tasa de interés—; (b) dispone que las empresas del sistema financiero paguen a los usuarios “bonificaciones” para reconocer su buen comportamiento, tales como: comisión por el uso correcto de la tarjeta de crédito o por el pago puntual de las cuotas de un préstamo. Entonces me pregunto: ¿Cómo se define un uso correcto?  ¿Por qué debería  premiarse un comportamiento estándar y esperado?

Las empresas financieras nos facilitan la vida a un costo altísimo. ¿Cómo vivir sin ellas? La solución es una mayor bancarización que genere alta competencia y ganancias por volumen de clientes, y no por abuso a unos pocos. ¡Tome nota, congresista Lescano!

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