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Opinión

Augusto Rey y la pérdida de la inocencia

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En entrevista para Político.pe, el candidato al Congreso por Acción Popular reconoce una evolución desde sus inicios en Fuerza Social.



No importa que se haya pasado todo el día recorriendo Lima o exponiéndose en medios masivos. Augusto, notoriamente más delgado por causa del intenso verano que no perdona ni a los políticos, me recibe sonriente. Su cordialidad no es fingida aunque, de hecho, esté agotado y confiese que duerme poco. Arranca a las 7 de la mañana y no para hasta la medianoche, pero afirma que disfruta haciendo campaña: si bien ya ha pasado antes por estos trajines —fue uno de los voceros más mediáticos de Susana Villarán—, esta vez es diferente.

“Es mi campaña”, dice orgulloso. 

¿Por qué la política?

Para mí, la política es parte esencial de una sociedad. Todos tenemos principios, creencias, posturas, ideales y lo que a mí me mueve es hacerlos realidad. Por eso hago política: por responsabilidad. Si yo no la hago, otros la harán.

Hablas de participación. ¿Y qué me dices de la representación?

Tengo la vocación para política representativa en la medida de asumir responsabilidades y costos en término de vida personal, que implican un compromiso con la profesionalización del trabajo. Para mí, finalmente, esa es la representación que quiero llevar al Congreso de la República y para la que me he venido preparando durante bastante tiempo en la universidad.

¿Consideras que es una evolución tuya haber llegado a la representación? ¿Crees en la democracia de partidos?

Siempre he creído en ella. De hecho he ejercido un cargo de representación, como regidor de Lima. Si algo he aprendido durante estos diez años de activismo político y de función pública, es que si uno no está donde se ejerce el poder es más difícil hacer los cambios. Y el Congreso es el lugar donde se deciden las cosas. 

¿Y por qué precisamente llegas con un partido tradicional como Acción Popular?

Recibí una invitación directa de Alfredo Barnechea, quien representa un eje programático con el que coincido. Por eso acepté con honor y entusiasmo; me siento muy cómodo en un espacio como este y absolutamente alineado ideológicamente. 

¿Tan cómodo como lo estuviste con Susana Villarán?

Sí. Mi participación en esa gestión municipal estuvo vinculada a un proyecto y visión de ciudad que aún mantengo, y que acompaña mi actual propuesta legislativa.

¿Qué has ganado en el camino desde Fuerza Social hasta ahora?

Sin duda, madurez. Pensaba, inocentemente, que todo se podía lograr con buena voluntad. La política requiere de un entendimiento de la complejidad de las relaciones humanas y de tener siempre presente que uno no llega con la verdad sino que la va construyendo en el camino.

Ahora sí te consideras un político…

Soy un político que se sigue formando. Me queda mucho por aprender.

¿Y cuáles son los ejes de trabajo que el político Augusto Rey quiere llevar al Congreso?

La reforma política. Es necesario y urgente constituir la comisión de análisis económico de los proyectos de ley. Es absurdo que se discutan proyectos de ley que no son eficientes y que generan más costos que beneficios. Voy a trabajar por el fortalecimiento de las comisiones de trabajo, para que la formulación de los proyectos de ley sean mucho más profesionales. Los asesores tienen que ser elegidos por meritocracia y concurso público.

¿Cómo planteas la lucha contra la corrupción en un parlamento tan desprestigiado?

Con tolerancia cero. Los delitos de corrupción no pueden prescribir y se tiene que prohibir la lógica de la puerta giratoria para evitar que después de concluir su tiempo en el Estado los servidores públicos recalen en empresas como proveedores de información privilegiada o pagando pequeños servicios.

Has prometido no olvidarte de Lima.

No puedo perder de vista a la ciudad que me elige. En primer lugar, para evitar el conflicto entre los alcaldes limeños y chalacos, propongo la creación de la autoridad única para gestión común de transporte Lima-Callao, como se hizo con el tren eléctrico. Lo segundo tiene que ver con Sedapal. Propongo que Lima tengo un sitio en el directorio de Sedapal para evitar que el municipio construya una pista y a los tres meses venga Sedapal y la rompa. Para evitar que cuando se haga un cambio de zonificación o cambios de densidad poblacional no se tenga previsto que la tubería aguanta o no.

¿Y tu compromiso nacional?

He venido difundiendo propuestas específicas para los tres millones de peruanos en el exterior, hoy olvidados a su suerte. Y tengo un compromiso absoluto con romper cualquier tipo de vínculo entre los poderes del Estado y el narcotráfico, la tala ilegal, la minería ilegal.

En esa línea, ¿qué tanto te separas de la plataforma de lucha de la izquierda, que condena la minería formal pero no toca a la minería ilegal?

Considero que aquí el problema esencial es la minería ilegal: no solo se trata del medioambiente, hablamos de explotación sexual infantil, lavado de dinero, narcotráfico. Invisibilizar esta terrible situación es no entender la realidad del país.

¿Y qué falta trabajar en cuanto a la minería formal?

Fortalece la OEFA, reevaluar la metodología y los términos de referencia de los estudios de impacto ambiental porque están hechos para que nadie los entienda; eso genera desinformación y agrava los conflictos sociales. El Estado no puede abdicar de su posición en los proyectos extractivos. No se trata solo de otorgar concesiones y cobrar regalías. Los conflictos sociales surgen por una ausencia del Estado; y eso es algo que como congresista me comprometo a revertir.

Todo los demás puntos que tocaste convergen en uno solo, que es la modernización del Estado. ¿Qué hay que implementar?

Yo parto de una premisa: no toda regulación es una traba burocrática. La regulación es necesaria porque los mercados tienen fallas. La mano invisible de Adam Smith no existe. Y las empresas del sector extractivo no cumplen con criterios ambientales. Esa es una premisa para decidir cómo hay que modernizar el Estado. La modernización no significa eliminación de la regulación.

Pero hoy tenemos una sobrerregulación.

En muchos casos, sí; pero no en todos. Ha habido un debilitamiento de la regulación ambiental, heredado del fujimorismo. No se trata de que el Estado sea lo más grande o pequeño posible, sino de que se fortalezca.

¿Cómo?

Fíjate que mientras en Inglaterra el gasto público es del 45% del PBI en el Perú es de apenas 18%. Nos quieren hacer creer que basta la eficiencia para tener mayor infraestructura en educación, para subir sueldos a los profesores, a los policías. Eso no es verdad: para mejorar se requiere un poco más de gasto público.

Pero aquí hay un ineficiencia en el gasto público.

Ese es el verdadero problema; no el tamaño del Estado. Hay una retórica librecambista que dice que el Estado debe ser reducido a lo mínimo indispensable y eso ha generado debilitamiento institucional. En vez de preocuparnos por fortalecer lo que tenemos, estamos debilitándolo: no confiamos en ningún organismo del Estado.

De todo lo que me dices, ¿qué es lo que más se acerca a lo que propone Alfredo Barnechea?

Él propone una socialdemocracia. Entendemos que el mercado puede generar eficiencia pero tiene fallas, y que esas fallas pueden ser corregidas.

¿Y qué los diferencia de la propuesta de Verónika Mendoza y el Frente Amplio?

La primera diferencia sustancial es la relación con el proceso de industrialización; nosotros partimos de la premisa de que el Perú debe basarse en una economía que le de valor a sus materias primas —que generen empleos especializados, técnicos y productivos— y no como el Frente Amplio , que pretende cambiar la minería por la pequeña agricultura y el turismo. Eso es irreal, no cuadra en los números.

Justo te había mencionado a los peruanos en el exterior. Los ingresos por turismo son de 3000 millones de dólares y los de las remesas alcanzan los 2600: la diferencia no es tanta. Es claro que podemos ser una potencia turística, pero con la comparación que te hago, ¿podrías afirmar que vale la pena cambiar la minería por el turismo?

Esa postura opuesta me hace preguntarte si estás preparado para dialogar con todas las fuerzas del Congreso. 

Un ejemplo: en el Concejo Metropolitano presenté una ordenanza contra todo tipo de discriminación y a favor de la igualdad y me dijeron que estaba loco, que nadie me la iba a firmar. Pero logré que el fujimorismo, Solidaridad Nacional y el PPC lo hicieran. Negocié, convencí, persuadí y, bueno, también les dije que si no la firmaban me iba a encargar de que todo el mundo se enterase de su negativa (risas). Es que de eso también se trata la política; de hacer lo necesario para sacar adelante el proyecto en el que crees.

No en decir: “No toques mi ordenanza porque me la vas a contaminar”.

Eso es absurdo.

¿Y crees que Barnechea tiene esa capacidad de diálogo? Te lo pregunto por sus últimos “desencuentros”.

Ciertos gestos han sido malinterpretados y aprovechados por los rivales políticos. Barnechea ha pedido disculpas a los afectados, como corresponde. Es lo correcto. Pero de ningún modo deberíamos permitir que eso haga pasar a un segundo plano las buenas propuestas y el cambio positivo que un gobierno suyo podría significar para el país.

Ahora te toca decir por qué habríamos de votar por Augusto Rey.

Porque tengo experiencia, conozco el Estado y vengo con propuestas legislativas concretas. Me ofrezco a ser el congresista que devuelva la representación directa. Soy el congresista que Lima necesita.

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