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Así no, Legislativo; así tampoco, Ejecutivo

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Aquí, por momentos, enfrentamos un espectáculo abusivo.



El ministro Alfredo Thorne se equivocó y tiene que irse. Él seguramente ha sido el primero en darse cuenta de eso. No es posible que se quede; nadie piensa en esa posibilidad. Su salida, además, forma parte del absurdo lobby del gobierno en favor de Kuntur Wasi.

Será la tercera baja del actual gabinete a menos de un año de gobierno. Pero la forma cómo el ministro de Economía ha sido tratado por el Parlamento deja mucho que desear. Tampoco se debe intentar obligar a un ministro de Estado a presentarse el mismo día de su citación al pleno del congreso cuando su suerte ya fue decidida y está echada.

¿Se puede utilizar un cargo de elección popular o un puesto de función pública para intentar maltratar a una persona o pretender humillarla? La respuesta es claramente NO. ¿Por qué? Porque, además del maltrato, ello expresa una forma de violencia institucional.

Lo vemos desde hace meses: la incomodidad de algunos miembros del Ejecutivo al presentarse a rendir cuentas o cuando brindan sus informes, por la forma cómo se sienten tratados en el Congreso. En el caso más reciente, ¿había alguna necesidad de dramatizar la convocatoria y solicitarla en el plazo de solo unas horas? No había necesidad alguna: más aún cuando al contralor de la república se le han dado todas las facilidades para presentarse recién a los quince días. ¿Acaso estábamos ante una declaración de guerra o algo parecido?

Es igualmente sorprendente que se haya convocado a una conferencia de prensa para anunciar que se dará unos “días de gracia” al presidente para que se tome un tiempo y medite sus decisiones…si no deberá atenerse a las consecuencias (¿?). El presidente sabrá qué hacer en esta coyuntura: no necesita recomendaciones personales por parte de los miembros del Congreso. Ejecutivo y Legislativo son poderes diferentes y deben respetarse mutuamente.

Una cohabitación política debe propiciar un diálogo alturado y una integración confluyente hasta donde se pueda. Pero aquí por momentos estamos ante un espectáculo abusivo. Luego de la censura del ministro Saavedra y de la renuncia de Vizcarra por el tema de Chinchero (a la que se añade ahora la salida de Thorne), pareciera que lo que se viene es un proceso de abierta desestabilización del gabinete, situación que de concretarse impactará en la economía y en la gobernabilidad.

Es muy importante que el Congreso ejerza fiscalización, pero sin excesos. El gobierno, a su vez, tiene que asumir sus propios errores; darse cuenta de que intentó gobernar con soberbia, casi desde un club de amigos. Pero también es deber de la oposición sostener la gobernabilidad y generar mecanismos de comunicación a la altura de lo que el país espera y desea. Y el maltrato y el trato hostil no son los caminos a seguir.

Hay quienes dicen que algo similar ocurrió durante el primer gobierno de Belaunde. Era otra época y, seguramente, otra la necesidad y la forma de hacer política. ¿Han pasado 50 años de esa experiencia y estamos en lo mismo?

Enhorabuena si se logra una cohabitación política (felizmente existe), pero la idea es crear equilibrios y no lo contrario. La gente tiene una clara percepción de lo que está pasando: nadie quiere lo peor para el gobierno, más allá de sus desaciertos. Al final, el daño de los errores de los dos poderes del Estado lo pagaremos todos.

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