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Opinión

Artículo póstumo de Efraín Trelles

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Horas antes de su partida, nuestro colaborador y amigo nos envió la que sería su última colaboración (histórica) para nuestro portal.



El gabinete de Pacay Seco

Memoria de cuando un líder de provincia y un gabinete de provincianos ordenaron la corte limeña saturada de encono y enfrentamiento

Los invito a otro marzo políticamente muy caliente y esta vez en 1931. La crisis de gobernabilidad era grande. Leguía había sido depuesto en agosto del 30 y en febrero del 31 Sánchez Cerro pretendía postular a elecciones sin dejar la presidencia y lanzado por el neonato partido Social Nacionalista del doctor Wieland.

En Arequipa se había levantado un movimiento contra Sánchez Cerro finalmente liderado por David Samanez Ocampo, destacado político pierolista, el último montonero: Pacay Seco para los amigos. La primera reacción de Sánchez Cerro fue embarcar un fuerte contingente a cargo de Gustavo Jiménez. Las fuerzas del Zorro –como llamaban a Jiménez– tenían la capacidad de fuego suficiente como para aniquilar a los rebeldes de Arequipa y más.

Se venía la masacre y la Marina despertó. Por primera vez tomó una posición distinta a la del ejército y, por la vía de los hechos (torpedo mediante), hizo retornar las dos naves cuando ya estaban por Marcona. Se alteró la balanza del poder. Sánchez Cerro dejó el mando en manos de monseñor Holguín que, en menos de lo que dura un credo, cedió el poder a una Junta presidida por el doctor Elías, magistrado.

El retorno del Zorro fue de otra película. Le ordenaron a Jiménez desembarcar en Ancón, pero el Zorro se aleonó: en el Callao o en el Callao. Una vez allí sus tropas no fueron enviadas a ningún cuartel, fueron a pie hasta Lima y tomaron todas las calles. Era César entrando con tropas a la Roma imperial. Y claro que entró a Palacio y sacó al doctor Leoncio Elías sin despeinarse siquiera. Firmó dos decretos como presidente y descubrió que nadie lo apoyaba. El proceso de validación y reconocimiento de la Junta de Arequipa parecía irreversible. Tanto así que el propio Jiménez decidió no oponerse a David Samanez Ocampo.

Fue así que Pacay Seco y el cusqueño Tamayo buscaron gente representativa de las diferentes regiones del país. El nuevo ministro de Relaciones Exteriores era el norteño Larco. El ministro de Gobierno, Francisco Tamayo, figuraba por el Cusco; el ministro de Hacienda Vinelli y el propio Jiménez provenían del centro del país. Ulises Reátegui Morey, encargado de la cartera de Fomento, era del Oriente. El propio David Samanez Ocampo –el último montonero que llegó a Palacio– había nacido en la hacienda Huambo en el distrito de Huancarama y provincia de Andahuaylas.

¿Habrá más provincianos en el nuevo gabinete, el de la actualidad? ¿Se podrá, como se pensó e hizo aquella vez, ordenar la desbocada corte limeña desde interior? Ojalá.

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