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Apuñalan a la reina (interludio electoral)

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En Londres solo hay espacio para una sola corte y una sola soberana: la que durante 93 años ha cumplido con su deber.



Como se puede apreciar este artículo, nada tiene que ver con la presente coyuntura electoral y sí mucho con la defensa de las mujeres de verdad, aquellas que empoderan su sexo con su dedicación a grandes asuntos públicos (en este caso, jefaturar un Estado), siendo un símbolo de aliento a millones de sus compatriotas sin enseñar la tetas ni pintarrajearse partes nobles en exhibicionismos degradantes y de mal gusto en nombre del “activismo” y el “feminismo”.

El tema es que el nieto de la reina Isabel II, príncipe Harry, duque de Sussex, acaba de apuñalar por la espalda a su abuela de 93 años y a todo lo que ella ha representado durante su casi centenaria vida: el deber.

Se podría decir que Harry es un agresor de mujeres como su abuela si no fuere porque detrás de él hay otra mujer, su esposa Meghan Markle. Así las cosas, Harry resulta el arma y Meghan la autora intelectual de la agresión a su suegra (y a su nuera y a su cuñada y, en general, a la institución que le abrió los brazos y la recibió con generosidad y grandeza). Como acaba de hacerse público, los duques de Sussex han renunciado a sus funciones de representación en asuntos públicos como miembros de la Familia Real (Harry es el sexto en la línea de sucesión al trono británico) para dividir su tiempo entre Estados Unidos y Gran Bretaña, donde pretenden residir “generando sus propios recursos” a través de negocios y fundaciones.

Sonaría bonito tal acto de “desprendimiento” para cualquier despistado si no fuera porque la renuncia no va acompañada de la de sus privilegios, como seguir siendo duques y altezas reales. Con ello, ya tienen asegurada su vida “independiente” en Estados Unidos, donde le lloverán las donaciones a la fundación que pretenden crear en favor de los derechos políticos de las mujeres y del medio ambiente, así como a su productora de “documentales” (todas iniciativas de Meghan).

En síntesis, estamos ante la agenda caviar en la que siendo quienes son nunca les faltará un centavo y, por el contrario, vivirán a cuerpo de rey. La traición a la reina y a la Familia Real radica en eso precisamente, porque a ojos de los estúpidos del mundo –que son legión– ha dejado a la monarquía como un grupo de comechados. ¿Se imaginan qué debe sentir la abuela de Harry, una señora de 93 años, que desde los catorce ha venido renunciando a cualquier expectativa personal en nombre del deber para con su país y la institución que representa? ¿Y su padre, el príncipe de Gales? ¿Y su hermano, el duque de Cambridge? Porque no es cierto que estos baluartes de la monarquía británica sean unos mantenidos por los contribuyentes para rascarse la panza, como la “renuncia” de Harry y Meghan lo sugiere.

La reina, el príncipe de Gales, el duque de Cambridge y sus respectivas esposas no trabajan 8 o 6 horas como lo mandan las leyes en los países civilizados, sino desde que se levantan hasta que se acuestan durante toda su vida. Y no tienen vida privada como usted o como yo.

La Familia Real encabezada por la reina ha convocado a una reunión de emergencia para cortar de inmediato el problema generado por la traición de Harry y su esposa. Esta ya había pretendido (en nombre de sus intereses “progresistas” e “ideales” feministas) crear (¡dentro de Windsor!) una suerte de corte paralela para hacer lo que les diera en gana con Meghan como reina. Y la familia le dijo no.

Como no pudo salirse con la suya, entonces el plan B fue tirar un portazo y convertirse en la “reina de corazones”, con el consorte de fantasía al lado que le pudiera abrir todas las puertas de la celebridad mundial (como “Royal Higness”) mientras su estilo de vida no se veía afectado un ápice.

Aunque no sabemos cuál será aún la respuesta de la Familia Real, el antecedente del tío de la reina –Eduardo VIII y duque de Windsor– debería ser el derrotero de la solución: el exilio absoluto y el adiós a los títulos y dignidades. En cristiano, si no quieren cumplir con ningún deber y además hacer lo que les da la gana, pues que dejen de servirse de las tarjetas de presentación con las pompas con la que es muy fácil vivir en el mundo común. Si Harry y Meghan quieren ser celebridades e independientes y vivir a costa de la agenda caviar internacional, que lo hagan sin ningún título y nunca regresen al Reino Unido como se les impuso a Wallis Simpson (antecedente norteamericano de Meghan) y al duque, su esposo.

En Londres solo hay espacio para una sola corte y una sola reina: la que durante 93 años ha cumplido con su deber.

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