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¡Aprendamos de una vez!

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¿Por qué demoró tanto en irse? ¿Es que el corrupto quería salvarse nuevamente?



PPK ha renunciado. No podía seguir dando excusas porque no existían: ninguna cabía luego del vergonzoso video difundido que dejaba al descubierto las repugnantes negociaciones, el clientelismo barato, el intercambio de favores y prebendas en el que intervenían Kenji Fujimori –y toda su infecta pandilla–, el abogado Alberto Borea e, indirectamente, muchas autoridades del gobierno con PPK a la cabeza. Todos orquestaban esta infamia.

¿Por qué demoró tanto en irse? ¿Es que el corrupto quería salvarse nuevamente? ¿De qué? ¿Del mal llamado “yugo parlamentario” que no lo dejaba manejar al país a su antojo? ¿Del Congreso que como poder está llamado a aplicar la Constitución y a garantizar que las pocas instituciones que funcionan en el Perú cumplan su mandato?

El ahora expresidente no era más que un perverso mercantilista, cuya farsa democrática ha quedado probada con su particular aplicación del maquiavélico “el fin justifica los medios” en la compra de votos. Entró al gobierno a seguir generando mayor corrupción y volviendo al país una caricatura, totalmente de espaldas a los problemas nacionales. Su incapacidad moral permanente no se debía a un acto aislado sino a una serie de sucesos y actitudes recurrentes que, analizadas en su conjunto, permiten dimensionar la magnitud de la podredumbre a lo largo del tiempo.

Ese era el caso de PPK: ha quedado en evidencia que la mentira y el tráfico de influencias (que a sus ojos no existen porque son medidas con los cánones que él mismo ha establecido) son su forma de vida, su rutina y sus costumbres. Lamentablemente, parece que Kuczynski nunca conoció otra realidad.

Los escuderos del presidente –Gilbert Violeta y Juan Sheput, entre otros– habían venido sosteniendo que no existía una sola prueba adicional que sustentase esta nueva solicitud de  vacancia presidencial. Empero, claramente se trataba de un proceso político y no de uno judicial frente a la inmoralidad que había permanecido incólume, intacta, a pesar de haber conseguido salvarse de la vacancia el 21 de diciembre pasado. PPK nunca se reformó ni limpió: la causal, en vez de caducar, día a día había venido alimentándose con hechos que solo la confirman. Y el video transmitido ayer es una prueba irrefutable de su envilecimiento y degradación personal.

Aunque le hubiese faltado la hidalguía de renunciar, era una obligación vacarlo. Nunca he sido partidaria del desorden o de la violencia como mecanismo de solución de conflictos, pero ante situaciones como esta siempre existe la alternativa de tomar la calle, de marchar en forma civilizada para darle voz a toda la sociedad.

Aprendamos: las redes sociales no son suficientes. No podemos seguir siendo esa desinteresada ciudadanía que rehúye afrontar sus responsabilidades. Frente a impúdicos y repugnantes negociados a cambio de dinero y obras públicas, lo peor es el conformismo… nuestro conformismo. Esto no puede vuelve a pasar.

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