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Anémica capacidad de gestión

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La falta de liderazgo y las limitaciones de gobierno quedan manifiestas cuando la estrategia de combatir la anemia se desarrolla a través de aplicaciones digitales en teléfonos celulares, publicidad en grandes paneles o “jingles” adulones con los ministerios que financian este dispendio vergonzoso e indolente, que no resuelve nada.



En 2018, el presidente Vizcarra, anunció que su meta era que “al 2021 podamos bajar la anemia a menos del 20%”. Sin embargo, la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar-ENDES señala que el año 2018 la prevalencia de la anemia es de 43.5%, un grave problema de salud pública.

La principal causa de esta afección es la inadecuada ingesta de hierro y micronutrientes en niños menores de 3 años. Tampoco se debe olvidar los altos índices de anemia en gestantes –en muchos casos, adolescentes– y la escasa práctica del “corte tardío del cordón umbilical”, que origina que el niño nazca con escasas reservas de hierro.

Existen factores sociales invisibilizados que elevan la prevalencia de anemia en el Perú, y aquí es donde la política pública debe actuar, como son: la inseguridad alimentaria, condiciones insalubres de vivienda, insuficiente acceso al agua potable y alcantarillado, escasos hábitos higiénicos, infecciones parasitarias. Todos ellos son expresiones de pobreza multidimensional que afecta a grandes mayorías nacionales.

A la fecha, son tres gobiernos y tres presidentes que no han logrado reducir la anemia. Por ello, resulta pertinente comparar la experiencia exitosa del gobierno aprista (2006-2011) cuando los índices se contrajeron del 56.8 al 41.3 (%). Según fuentes consultadas, los factores del éxito fueron: (i) La aplicación desde el 2006 de la estrategia Crecer, que ejecutaba una acción intersectorial entre Salud, Educación, Agricultura, Vivienda (agua y saneamiento) y otras instituciones públicas en alianza con gobiernos regionales y locales; (ii) la entrega y uso efectivo de los multimicronutrientes llamados “chispitas”, de fácil administración y aceptación por los niños.

Contribuyó, asimismo, la voluntad y liderazgo político desde la presidencia, los ministerios rectores, y la presencia activa y promotora de la primera dama. Lamentablemente, con la llegada de los Humala el Pronaa –órgano encargado– fue desactivado y reemplazado por un nuevo programa, que tuvo muchos problemas en las adquisiciones, y generó el crecimiento desmesurado de la anemia hasta 2014. De hecho, en el periodo humalista la anemia aumentó de 41.3 a 43.6; llegó PPK y se mantuvo en esa cifra, como viene ocurriendo durante casi un año del gobierno de Vizcarra. La reducción de la anemia sigue estancada.

El discurso populista de anticorrupción selectiva de Vizcarra está llegando a su fin. La falta de liderazgo y las limitaciones de gobierno quedan manifiestas cuando la estrategia de combatir la anemia se desarrolla a través de aplicaciones digitales en teléfonos celulares, publicidad en grandes paneles o “jingles” adulones con los ministerios que financian este dispendio vergonzoso e indolente, que no resuelve nada.

Excesivo gasto en publicidad y escasa efectividad e impacto para desarrollar políticas públicas son los resultados generales de una gestión demagógica y también anémica.

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