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Opinión

Alonso Salas, Raúl Lee Sánchez y Eduardo Jiménez: SERVIDORES PÚBLICOS

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Reflexiones sobre la trágica muerte de tres bomberos en el cumplimiento del deber.



Hoy fue un triste amanecer para la ciudad de Lima y para los bomberos voluntarios del Perú, en especial para los de la Compañía Roma, una de las más antiguas de la capital de la República y vecina del primer poder del Estado.

Ayer por la noche, mientras la ciudad ya dormía, un incendio estalló, no se sabe bien si en una fábrica de calzado sintético o en el gran almacén del Ministerio de Salud. Cuando los limeños despertamos temprano por la mañana, un escenario infernal había sido controlado a costa del sacrificio de la vida de tres jóvenes bomberos, los héroes Alonso Salas, Raúl Lee Sánchez y Eduardo Jiménez.

Si hay algo que puede definir con exactitud el quehacer de un bombero en el Perú es, sin duda, el de servidor público. Una extrañísima clase de servidor público, en verdad: la del que no cobra un céntimo por sus servicios que son los de salvar vidas poniendo en riesgo la suya, como lamentablemente ha sucedido hoy. 

Así, en contraste con los hechos producidos en las dos últimas semanas que han puesto en entredicho, nuevamente, la idoneidad de los servidores públicos en el más alto nivel del Estado y en el que este es tomado como botín para “negociazos” mientras que en el mejor de los casos se amañan concursos públicos para que los allegados y amigos puedan ganar un poco más de plata—, tenemos que hay grandes personajes como Alonso Salas, Raúl Lee Sánchez y Eduardo Jiménez que nos recuerdan con su muerte qué significa servir a los demás. Esa es mi reflexión de hoy frente a esta tragedia.

Lima es una ciudad conspirativa a la que no conviene prestar mucho oído. Pero ya que ha sido la propia ministra de Salud la que ha deslizado la posibilidad de que el incendio haya sido provocado en sus almacenes para ocultar chanchullos en el MINSA, urge una investigación rápida y contundente.

Porque aquí ya no se trataría de corrupción, sino de pérdida de vidas humanas que, de ser el caso,  deben costar la cárcel más severa para los responsables.

Mientras tanto, solo nos queda demostrar, cada uno como mejor pueda, nuestra solidaridad y gratitud con los bomberos voluntarios del Perú y con las familias de los tres héroes que dignifican, una vez más con sus vidas, el servicio público que otros no hacen más que manchar.

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