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Alianza del Pacífico: ¿Recordarán a Alan García? – III

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El expresidente se sentía orgulloso de haber construido un país fuerte, conectado al mundo desarrollado, con un crecimiento superior a Chile (uno de sus objetivos).



Para crear la Alianza del Pacífico, el presidente García impulsó la firma de numerosos tratados de libre comercio con gobiernos americanos, europeos y asiáticos que, en su conjunto, cuentan con más de 2700 millones de habitantes, potenciales consumidores. Pero, al mismo tiempo, para lograr ese objetivo de integración era necesario reactivar la economía, alentando la inversión de capitales nacionales y extranjeros.

En una visita a Palacio de Gobierno, encontré al jefe del Estado firmando una de las 800 cartas de invitación que dirigió a los más importantes empresarios del mundo. Mientras lo hacía, me preguntó: “¿Tú presides la liga parlamentaria Perú-México?”

A mi respuesta positiva, solicitó gestionar la visita de Carlos Slim, magnate de las comunicaciones, propietario de la empresa de telefonía Claro y Telmex, además de accionista del New York Times. “Slim es un referente para los empresarios; su opinión sobre nuestro trabajo será de gran importancia”, manifestó.

Ese mismo día contacté con el embajador de México, Antonio Villegas, buen amigo y diplomático de alta calidad profesional. A las dos semanas, el 19 de setiembre del 2006, llegó Slim a Lima para entrevistarse con el presidente García, en un reunión-almuerzo donde asistieron el embajador Villegas, dos funcionarios de su país y quien escribe este artículo.

Slim era una persona sencilla, inteligente, culta, con gran apego hacia la familia. En 1999 perdió a su esposa Soumaya, madre de sus seis hijos, en cuyo honor construyó un admirable museo que cuenta con más de 70 mil obras de arte, con esculturas de Rodin y cuadros de Van Gogh, Renoir, Monet, Degas, Zurbarán, Murillo, Diego Rivera, Orozco y Siqueiros. Y lo narro porque pienso que esa conexión cultural, cargada de recuerdos, hizo posible un rápido acercamiento humano entre Alan y Slim, quien dos años más tarde presentó una muestra de su colección en el Museo de Arte Italiano.

Durante el almuerzo, el mandatario expuso ampliamente su visión económica del Perú, perfilando un país moderno, descentralizado, con seguridad jurídica, unitario, donde prime la democracia y el Estado de Derecho. Tres horas más tarde, Slim se retiró satisfecho y, de acuerdo con las reflexiones del presidente García, manifestó luego a la prensa su confianza en la política económica del Gobierno anunciando que, por ello, sus empresas invertirían 280 millones de dólares los dos años siguientes.

Esta suma de inversiones públicas y privadas –estimadas en 146 mil millones de dólares durante el quinquenio, cifra sin precedentes en nuestra historia– hizo posible que 6 millones de compatriotas salieran de la pobreza. Más aún, 5 millones 900 mil personas accedieron al agua potable; 10 600 pueblos pobres recibieron electricidad, beneficiando a 3 millones de seres humanos; 10 500  kilómetros de carreteras fueron construidos o rehabilitados; 2 millones 400 mil puestos de trabajo fueron creados y 840 mil títulos de propiedad, entregados.

Asimismo, se construyeron un centenar de colegios y centros médicos, entre otros el Hospital del Niño y el Instituto del Corazón (el más moderno del hemisferio); se duplicó el Sistema Integral de Salud (SIS) e incrementó en un millón el número de afiliados a EsSalud.

Alan siempre estuvo orgulloso de las 152 mil obras ejecutadas por su gobierno, que también incluían el moderno Estadio Nacional, el Gran Teatro de Lima, el tren eléctrico, hidroeléctricas, represas, puentes, la entrega de un millón de computadoras a estudiantes de colegios estatales y la creación de los Ministerios del Medio Ambiente y de Cultura.

Luis Eduardo Moreno, presidente del BID, dijo en ese momento: “América Latina está en franco proceso de crecimiento y el ejemplo más exitoso es la economía peruana”. Por su parte, la consultora Latin Focus Consensus Forescat –que agrupa a los más prestigiados economistas del mundo– expresó el 2011 que el “Perú tendrá el mayor crecimiento económico a nivel mundial (6.3%) con la tasa de inflación más baja (2.7%), que superaría a China y la India, que si bien crecieron en 9.2% y 8.3%, cifras superiores al Perú tuvieron como contrapartida una inflación de 4.3% y 6.9% respectivamente”.

El crecimiento del país pasó de un PBI de 80 mil millones de dólares en 2005 a 176 mil millones de dólares en 2011; y el pér capita de 2900 a 5900 millones de dólares. Se trata de cifras excepcionales, como también que la deuda pública de 37.7% se redujera a 20.9% o que –según la Asociación de Bancos– los depósitos en el quinquenio 2006-2011 alcanzaran 107 mil millones de soles y 19 mil millones de dólares.

De todos estos logros se sentía orgulloso García: de haber construido un país fuerte, conectado al mundo desarrollado, con un crecimiento superior a Chile (uno de sus objetivos); trabajo que completó creando la Alianza del Pacifico, el más poderoso instrumento de integración del hemisferio.

Ese fue el camino hacia la historia que impulsó a Alan García: una ruta que nunca transitarán los zopilotes de la política y del periodismo, los hurgadores de estiércol, incapaces de comprender lo maravilloso que es forjar una república fuerte en lo económico y con democracia plena. Ahora que se realiza en Lima el Foro de la Alianza del Pacífico, esperamos que los jefes de Estado tributen su reconocimiento a quien creó e impulsó esa plataforma de integración.

Foto: Andina

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