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Abandonan el barco

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Esta última semana Martín Vizcarra y su gobierno populista y demagógico han sido abandonados por tres instituciones importantes que apuntalaban --o al menos eso se percibía de cara a la opinión pública-- sus pretensiones autoritarias.



Esta última semana Martín Vizcarra y su gobierno populista y demagógico han sido abandonados por tres instituciones importantes que apuntalaban –o al menos eso se percibía de cara a la opinión pública– sus pretensiones autoritarias.

El primero en bajarse del barco fue el Tribunal Constitucional con proyecto de ley y todo. Su presidente –hablando por la unanimidad de los magistrados– declaró que no iba más en el fallido Consejo para la Reforma de Justicia presidido, nada menos, que por el mismísimo Martín Vizcarra. Blume adujo que como supremo intérprete de las leyes era contraproducente que el TC estuviera envuelto en una reforma que podía ser pasible de impugnación constitucional. Suena lógico y de sentido común, pese a la chilla del ministro de Justicia y de varios periodistas del cartel mediático.

Vizcarra, entonces, ha sufrido un duro golpe a sus planes de utilizar la reforma de la justicia como pretexto político para un cierre del Congreso.

El segundo en decir algo terrible contra Martín Vizcarra ha sido el presidente del Poder Judicial, quien calificó de lamentable que haya sido elegido como presidente del Consejo para la Reforma de la Justicia. Aunque a diferencia del TC el PJ no ha abandonado el barco del gobierno (todavía), ha dejado en claro que Vizcarra debe ir con cuidado respecto a sus impromptus de “reformas” a paso marché.

El último en pronunciarse contra Vizcarra ha sido el Defensor del Pueblo, que si bien ha criticado el alejamiento del TC del Consejo para la Reforma de la Justicia, ha dicho que no procede la pretendida interpretación de un voto de confianza retroactivo como lo venía sosteniendo el gobierno para deslizar la amenaza de cerrar el Congreso si este 25 de julio las reformas políticas y constitucionales no están listas como él lo ordenó.

Por último –y no por eso menos importante–, está el esfuerzo que está haciendo Fuerza Popular en el ámbito internacional de denunciar la carcelería política de Keiko Fujimori. Estos emprendimientos han sido objeto de burlas por la prensa adicta al vizcarrismo y a la publicidad estatal, pero constituyen en la presente coyuntura una poderosa advertencia por si Vizcarra da el zarpazo al Congreso, pues le darían la razón a aquellos que sostienen la turbiedad política que se esconde tras la prisión preventiva de Fujimori Higuchi.

En síntesis, para deshacerse del Congreso Vizcarra solo cuenta hoy con la mayoría de la opinión pública como aliada. Esto, por supuesto, es más que suficiente para disolverlo pero ya nadie se comería el cuento de una disolución democrática y constitucional con el TC, el PJ y la DP en contra. Así las cosas, el único dique contra el populismo autoritario de Vizcarra es su conciencia, es decir, el temor de ir a la cárcel o en el exilio como terminan tarde o temprano quienes toman ese camino sin retorno. Lo mismo vale para sus ministros. Salvador del Solar ya no podrá pasearse en jeans, zapatillas y sin escolta por el Óvalo Gutiérrez un domingo por la noche. Nunca más.

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