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#LoMásLeído: A la punta de la teta

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La lucha contra la corrupción apesta a pescado podrido envilecida por una agenda que pretende vetar a un sector político del país. ¿Desde cuándo la Constitución instituyó a la prensa en general o a El Comercio en particular en operador de justicia en el Perú?



Este ya no es un Estado policial sino un Estado en el que el Ejecutivo pretende que la fiscalía ocupe el rol de persecutor político. Ante este propósito, poco importan las propias leyes que rigen el Ministerio Público y sus reglamentos. Un par de fiscales que dicen obedecer en conciencia solo al poder de la ciudadanía expresado a través de los medios de comunicación ha hecho tabula rasa del principio de jerarquía en el Ministerio Público para desacatar cualquier llamado de atención de sus superiores a sus actuaciones descaradamente políticas bajo el pretexto de combatir la corrupción.

Tal es la razón por la que esos fiscales apoyados desde Palacio de Gobierno hacen lo que les da la gana, como lo demuestra el último pedido del fiscal José Domingo Pérez de revocar la prisión domiciliaria del expresidente Pedro Pablo Kuckzynski por “incumplir” con hacer reuniones sociales en su casa y cónclaves de carácter político. Esto a raíz de que el señor Kuczynski recibe la visita de exministros y congresistas de la república en su domicilio (¿está prohibido? ¿Cómo sabe que no hablaron sobre el clima? ¿Ha puesto micrófonos en la casa o espían sus conversaciones telefónicas?).

Como algunos de los que ha recibido acaban de renunciar a lo poco que queda de este gobierno, este, por intermedio de Pérez, pretende meter preso a PPK como medida de venganza en el entendido de que ha sido él quien ha conspirado con Bruce y Aráoz para dejarlo en la estacada: ¡pégale a Juan para que aprenda Pedro!

Esto tiene mucho que ver con los cómplices mediáticos de Vizcarra que han soltado en estos últimos días sendos informes sobre las visitas que recibe la señora Fujimori en su encierro de Chorrillos. Toda esta estrategia es para demostrar que ya sea desde una cárcel o desde una prisión domiciliaria hay “conspiradores” como PPK y Fujimori que han puesto en jaque al gobierno y sus aliados. También es un mensaje inaudito presionar periodísticamente –como lo hace hoy El Comercio– para que un juez suspenda al fiscal supremo Chávarry, como si ese diario o cualquier medio tuviera derecho a opinar fuera del ámbito legal y procesal qué debe hacer o no debe hacer un juez en sus resoluciones. ¿Desde cuándo la Constitución instituyó a la prensa en general o a El Comercio en particular en operador de justicia en el Perú? Esta presión de quienes creen que están por encima de las leyes, de la Constitución y del principio de las mayorías representadas constitucionalmente en las instituciones republicanas es inaceptable.

Si al presidente no le gusta la nueva Mesa Directiva del Congreso elegida democráticamente, pues patea el tablero y convoca a adelanto de elecciones. Si a los fiscales Vela y Pérez no les gusta la composición de la Junta de Fiscales Supremos –porque por el principio de la mayoría los convocan para que rindan cuenta de un acuerdo sospechoso a favor de los intereses de una empresa mafiosa–, pues simplemente no van y se zurran en la nota. Y como la mayoría de los congresistas no se dejaron presionar por las marchas, el centenar de portadas y las pataletetas en cadena de los líderes de la mermelada mediática para destituir a los fiscales incómodos como Chávarry, Rodríguez Monteza y Tomás Gálvez, entonces Vela y Pérez anuncian pesquisas a los congresistas para “investigar” quiénes recibieron un aporte de campaña por parte de Odebrecht.

Y, claro, con la varita mágica de “fulano está siendo investigado por presuntamente pertenecer a la mafia de los cuellos blancos” queda expedita la solicitud para que saquen a cualquiera de un cargo público, como ahora pretenden hacer a nivel nacional con el cuento de que “los cuellos blancos tuvieron hermanitos en todo el país”. Esto ya es delirante y la lucha contra la corrupción apesta a pescado podrido envilecida por una agenda que pretende vetar a un sector político del país. Como me dijo el otro día una encopetada amiga: ¡la “lucha anticorrupción” ya me llegó a la punta de la teta!

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