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Opinión

30 de setiembre de 2019: Golpe de Estado

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Antifujimoristas resultaron más albertistas que los propios fujimoristas.



Tuvieron que pasar 27 años para que un presidente de la república aseste un nuevo golpe de Estado. El último lunes, Martín Vizcarra, como ocurrió el 5 de abril de 1992, disolvió inconstitucionalmente el Parlamento al considerar denegada de manera “fáctica” la cuestión de confianza para modificar la elección de los miembros del Tribunal Constitucional.

“Ante la negación fáctica de confianza, decidí disolver el Congreso y llamar a elecciones de congresistas de la república”, dijo en su Mensaje a la Nación.

Vizcarra “interpretó” que la confianza le fue rechazada porque el Congreso continuó con el proceso de designación de nuevos tribunos –que inició en noviembre del año pasado– antes de que el entonces premier Salvador del Solar expusiera los argumentos por los que el Gobierno planteaba por tercera vez el recurso constitucional.

Sin embargo, en ninguna parte de la Constitución dice que se puede considerar una confianza rechazada sin que esta haya sido presentada formalmente en el Pleno.

Mientras el jefe de Estado anunciaba en Palacio de Gobierno el cierre del Parlamento, al mismo tiempo en el Hemiciclo se aprobaba la cuestión de confianza. Al mandatario jamás le interesó cambiar las reglas para la elección del TC, así como tampoco le importaron las reformas políticas y judiciales, y menos el adelanto de elecciones generales (¿acaso ha renunciado tras la dimisión de Aráoz a la vicepresidencia?): su objetivo siempre fue cerrar el Congreso de mayoría opositora para escalar en las encuestas.

Las fuerzas democráticas, encabezadas por Pedro Olaechea, suspendieron un año al dignatario por incapacidad temporal –una acción, vale decir, que también se ubica en la nebulosa constitucional–, ya que había disuelto el Congreso de forma ilegal. Así, Mercedes Aráoz juró como presidenta interina de la República. Por primera vez en la historia, una mujer ocupaba el máximo cargo público.

En este juramento, por supuesto, no estuvieron presentes los representantes de las bancadas de izquierda, quienes pretenden eliminar el capítulo económico de la Constitución. Y es que realmente el comunismo es el sistema más igualitario que hay: a todos los vuelve pobres. Martín Vizcarra, por su parte, nombró a Vicente Zeballos –el mismo que le reza al póster del asesino Ernesto ‘Che’ Guevara– como primer ministro.

El partido estaba empatado hasta que los altos mandos militares y policiales se arrodillaron ante Vizcarra. Son tan torpes que hasta se tomaron una foto mostrando los dientes. Esa misma postal servirá para enviarlos a la cárcel junto al presidente golpista. ¡Cobardes!

Las calles celebran el cierre del Congreso. No es novedad. Le festejaron igual a Alberto Fujimori. Es harto paradójico: los antifujimoristas resultaron más albertistas que los propios fujimoristas. Apunten los nombres de TODOS los que apoyan este nuevo golpe de Estado. La historia los juzgará, pues ya estamos, señores, en una DICTADURA.

Otrosí: Demasiada bonanza ha idiotizado a los peruanos de mi generación. Mis coetáneos –antifujimoristas ellos por culpa de caviares infiltrados en el sector educativo y engañados por la prensa vendida– apoyan agenda izquierdista. Ya los quiero ver haciendo colas por un pedazo de pan. ¡Comerán piedras!

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